Jairo Gallo Acosta

Colombia

 

Resumen

En una de mis clases de psicoanálisis, tratando de enseñar algo que a veces se torna tan intangible para los estudiantes que asisten a esos cursos como lo inconsciente, en algunas ocasiones esos mismos estudiantes en una especie de angustia ante la imposibilidad de aprehender lo inaprensible, llegan a decir: “¿y para qué sirve aprender eso?” antes de contestar la anterior pregunta, primero habría que contestar ¿y qué es lo que estos estudiantes desean aprender?

El hecho de enseñar psicoanálisis y su descubrimiento más importante: lo inconsciente, no es solo un asunto intelectual, sino un asunto que implica a un sujeto y su subjetividad, y la mejor manera de enseñar todo aquello que esté relacionado con ese inconsciente es implicar la subjetividad, tanto del que enseña como del que aprende. La implicación subjetiva sobre un aprendizaje es algo que va más allá de un asunto intelectual, es un ejercicio de reflexión donde los sujetos se tienen que escuchar a sí mismos en ese conocimiento, y así convertirlo en un saber. La práctica psicológica, como cualquier otro saber, no escapan a esta lógica de implicación subjetiva, y dicha práctica no se aprende memorizando manuales, protocolos, ni mucho menos con recetas.

En el presente trabajo están algunas de mis reflexiones sobre este asunto.

Palabras clave: psicoanálisis, formación, profesionalidad, sujeto, subjetividad.

 

Abstract

In one of my classes psychoanalysis, trying to teach something that sometimes becomes so intangible for students who attend these courses as the unconscious, sometimes those same students in a kind of anxiety about the inability to grasp the ungraspable, come to say, "and what is learn that?" before answering the previous question, we first have to answer and what is what these students want to learn?

 The act of teaching psychoanalysis and its most important discovery: the unconscious, not just an intellectual issue, but an issue involving a subject and subjectivity, and the best way to teach anything that is related to the unconscious is to involve the subjectivity, both of the teacher and the learner. The subjective involvement on learning is something that goes beyond an intellectual matter, is a brainstorming exercise where subjects have to listen to themselves on that knowledge, and so make it a know. The practice of psychology, like any other knowledge, can not escape the logic of subjective involvement, and this practice is not learned by memorizing manuals, protocols, much less with recipes.

 In this paper are some of my thoughts on this subject.

Keywords: psychoanalysis, training, professionalism, subject, subjectivity.

     La uniformidad de los estudiantes: de la metáfora a la literalidad

En las varias instituciones universitarias psicológicas donde he trabajado o estoy trabajando es común observar a los estudiantes de psicología uniformados, y ante la pregunta “por qué se uniforman”, por lo general la respuesta parece ser: “por pereza de pensar qué me voy a poner”, dicha respuesta hace reflexionar sobre “¿en qué piensan esos jóvenes estudiantes de psicología? Y las posibilidades de respuestas pueden ser muchas, la actualidad de la formación de los psicólogos en Colombia cierra muchas de esas posibilidades, dejando como única posibilidad un pensar casi único, simple, lineal, pero sobre todo: conformista.

En el “pensar qué me voy a poner” puede haber un mundo de posibilidades: el color de las prendas, la combinación entre ellas, la textura, incluso: cómo todas estas prendas me hacen sentir, cómo me van a ver los otros y muchas otras cosas más. El problema del uniforme es que no solo es un asunto de vestimenta, este asunto muestra que poco a poco los jóvenes estudiantes de psicología se han ido conformando ante una formación cada vez más profesionalizante, hasta el punto de convertirse en una serie de técnicas para satisfacer las demandas de un mercado.

Pero ese conformismo no es casual, no es producto que los “jóvenes de hoy” son conformistas, sino de una formación que quiere esa respuesta de los estudiantes, que se conformen con recetas, o rutinas establecidas como lo señala Rebeca Puche: “Por lo tanto, es fundamental pensar en un currículum más básico y general, por una parte; y que tienda a desarrollar competencias, y a propiciar una formación que esté más centrada en la construcción de herramientas y criterios analíticos que le permitan re-crear estrategias de intervención, y no solo aplicar recetas o rutinas establecidas”(Puche, 2003:28).

Para citar un ejemplo de lo anterior, es común que en la formación de los psicólogos se enseñe el uso de las pruebas psicotécnicas y el DSM IV como una verdad “a priori”, establecida, incuestionable, siendo el objetivo de esta enseñanza que “aprendan adecuadamente a usarlos”, sin ninguna consideración epistemológica, teórica ni ética, los estudiantes se tornan en expertos “aplicadores”. “Ante el inmenso desafío de las universidades de asegurar sus clientelas en medio de la explosión demográfica de los planes, así como ante la infinidad de pequeños problemas, la dirección académica parece concentrarse, invariablemente, en lo inmediato, en lo urgente, en lo aplicado. La vieja polaridad información-formación recobra su pertenencia” (Puche, 2003:29).

Esto que señala Puche, de otras maneras había sido señalado por Nietzsche (1981) en la voluntad de poderío, y por Canguilhem en ese fabuloso texto titulado ¿qué es la psicología? Donde los psicólogos en su práctica no quieren ser más que un instrumento, sin tratar de saber de qué o de quién es instrumento (Canguilhem, 1998: 13). En esta frase se podría explicar el porqué de algunas posiciones ingenuas o cínicas de algunos psicólogos que no reconocen en sus prácticas una acción política, así como no reconocen un marco epistemológico ni teórico. Sin epistemología, ni teórica, ni mucho menos un reconocimiento de lo político de sus prácticas, la psicología se ha volcado en muchas ocasiones a soportarse en una ideología relacionada con una hegemónica y pretensiosa formación en psicología experimental, científica y profesionalizante: “La psicología marcha hacia una formación con un corte aplicado y profesionalizante. Hacia lo psicobiológico, en detrimento de lo sociocultural” (Puche, 2003: 30).

El problema de la profesionalización ha sido abordado por otros autores, por ejemplo, Aguilera (2006) señala cómo los profesionales de la psicología en Colombia se están graduando con un perfil profesionalizante que no deja ver aspectos tan importantes como: la claridad sobre el fundamento epistemológico de su profesión; las competencias de su disciplina; y la apropiación sobre el saber pensar y saber hacer en su carrera (Aguilera, 2006).

En Colombia es común analizar cómo la cuestión epistemológica es negada o resuelta de la manera más simplista, las universidades que forman a los psicólogos desde un enfoque multiteórico, fragmentando lo psicológico en varias teorías, enfoques o tendencias, hasta aquellas que forman desde una visión monoteórica, que supuestamente fundamenta el ejercicio de una disciplina psicológica científica. “En Colombia no se ha dado un debate académico sobre cuál es el tipo de psicología que requiere el contexto colombiano, ni se ha reflexionado de manera abierta y objetiva sobre cuáles son los fundamentos teóricos, los procesos, los métodos y las técnicas que deben asumir los programas de psicología, con el fin de formar un psicólogo idóneo de cara a las necesidades del contexto nacional y latinoamericano” (Aguilera, 2006: 11).

Esta “insana profesionalización” como la llama Ian Parker (2009) trae problemas que según él supone un estándar moral, incentiva la conformidad, la obediencia y la reducción del entrenamiento terapéutico a un programa de estudio, el conocimiento como algo empacado y aplicado, entre otras cosas. La psicología académica al parecer se ha homogenizado a partir de criterios profesionalizantes, los cuales plantean una concepción del ser y hacer psicológico en los que prima una lectura técnica, experimental y de laboratorio (Aguilera, 2006: 11), producto del desplazamiento de la psicología dentro de la tradición filosófica de la ciencia (Puche, 2003), solo queda conformase con una uniformidad que solo atina a decir: ¡somos científicos! y eso no hay que comprobarlo.

                El lugar donde no se practica la psicología: las facultades de psicología

En una de mis clases de psicoanálisis, tratando de enseñar algo que a veces se torna tan intangible para los estudiantes que asisten a esos cursos como lo inconsciente, en algunas ocasiones esos mismos estudiantes en una especie de angustia ante la imposibilidad de aprehender lo inaprensible, llegan a decir: “¿y para qué sirve aprender eso?” antes de contestar la anterior pregunta, primero habría que contestar ¿y qué es lo que estos estudiantes desean aprender?

El hecho de enseñar psicoanálisis y su descubrimiento más importante: lo inconsciente, no es solo un asunto intelectual, sino un asunto que implica a un sujeto y su subjetividad, y la mejor manera de enseñar todo aquello que esté relacionado con ese inconsciente es implicar la subjetividad, tanto del que enseña como del que aprende. La implicación subjetiva sobre un aprendizaje es algo que va más allá de un asunto intelectual, es un ejercicio de reflexión donde los sujetos se tienen que escuchar en ese conocimiento, y así convertirlo en un saber. La práctica psicológica, como cualquier otro saber, no escapan a esta lógica de implicación subjetiva, y dicha práctica no se aprende memorizando manuales, protocolos, ni mucho menos con recetas.

La práctica psicológica como un ejercicio de escuchar el psiquismo subjetivo del otro, es una apuesta difícil, por eso dicha escucha tiene que comenzar con nosotros, escuchar nuestras subjetividades como primera medida, para poder escuchar a los otros, primero es menester escucharse a sí mismo. La práctica de la escucha lastimosamente se ha visto relegada por una práctica de la mirada –la mirada médica que comentaba Michel Foucault (2009) en su texto “el nacimiento de la clínica– que se fundamenta en una observación “neutral” y “científica”,

Existen varios factores por lo que se va visto obstaculizado el ejercicio de una práctica de la escucha, el primer factor es la tradición de una disciplina individualista, donde los problemas no son construcciones sociales que se manifiestan a través de diferentes subjetividades. El segundo factor tiene que ver con un aislamiento de la formación disciplinar psicológica con su entorno o contexto social, y el tercer factor tiene que ver con la separación del sujeto investigador-psicólogo neutral del objeto de intervención-investigación.

Escuchar la propia subjetividad, hacerse cargo de sí, del cuidado de sí, tiene que ver con lo que Sócrates cuestionaba en esos gobernantes, que antes de gobernar a los otros tenían que cuidar de sí primero, situación que al parecer se olvidó en la formación de los psicólogos/as, por alguna extraña razón, los psicólogos creen que son los únicos que no tienen que asistir al psicólogo, a pesar que en muchas ocasiones ameritan ir.

La práctica de la psicología gracias a la formación, se ha convertido en una práctica hacia “afuera”, los otros son los “anormales”, los “trastornados”, los que sufren, los que necesitan de un psicólogo.

                Formaciones subjetivas

En las clases tanto de psicoanálisis, psicologíasocial o salud que dirijo, los estudiantes siemprepreguntan ¿Cuándo vamos a ver pacientes, cuándovamos al campo, a la comunidad o al hospital?Dicha pregunta da cuenta de lo exteriorizado –parano decir proyectado– que se encuentra la prácticapsicológica, cómo si la institución universitaria, lafacultad, el salón de clases, o los mismos estudiantesno pudieran ser pacientes, comunidad, y no estuvieranincluidas en algo llamado social.

La idea no es volcarnos a un supuesto “interior” psíquico, sino volver este psiquismo “nuestro” es algo que no solo está en nosotros sino en los otros, con los otros, constituyéndose con los otros, por eso no hay adentro ni afuera, sino un psiquismo que se constituye sin un adentro y un afuera, y por eso su análisis no puede partir de una imaginaria división interior- exterior. Como la “Banda de Moebius” 1

El psiquismo no necesita del experto psicólogo que se forma en las academias universitarias para salir a la luz, ni de su “iluminación”, ¿entonces cuál sería el lugar de un psicólogo frente a este psiquismo?

La respuesta puede ser algo tan sencillo pero casi imposible de hacer, la de sostener ese psiquismo, sostener que la imposibilidad de alternativas subjetivas frente a la imposición de una única razón de percibir, sentir, atender, recordar o pensar el mundo. Lo peor, es que ciertas prácticas psicológicas se erigen en el lugar de proteger esa razón, como si fueran los guardianes de la razón, y ya son muchos los investigadores que han señalado ese lugar de la psicología, desde Canguilhem hasta Foucault, y en la actualidad Nikolas Rose o Ian Parker, este último al igual que lo hizo Braunstein (2003) en su famoso libro Psicología, ideología y ciencia comenta cómo la psicología sigue sosteniendo una ideología, que en vez de liberar, somete más a los sujetos en unas lógicas capitalistas individualizantes. (Parker, 2010).

Los fenómenos psicológicos no son solo individuales, estos fenómenos abarcan unas subjetividades que atraviesan lo particular y lo colectivo, y los psicólogos en formación, como los docentes de psicología, y los directivos que manejan dicha formación desde las diferentes instituciones psicológicas no escapan a esas subjetividades.

Lo primero que hay que abordar en la formación de los psicólogos/as es estudiar cómo nos producimos como sujetos en unas lógicas económico-políticas, es decir, las racionalidades de ciertas tecnologías de gobierno (Foucault, 2008) , cómo esas lógicas estructuran nuestra realidad ideológica (Zizek, 2003) y así poder analizar en qué lugar nos ubicamos desde nuestro psiquismo, segundo, tratar de analizar cómo se ubican los otros con esas mismas lógicas gubernamentales, tercero, comenzar a transformar no solo la realidad psicológica estructurada en esas lógicas de los demás sino también las nuestras, transformando aquello que nos causa malestar, incluso, aquello que configura una serie de manifestaciones denominadas: patologías o trastornos, que van desde la ansiedad, la depresión, hasta las manifestaciones de diferentes violencias en diversos contextos sociales.

Todo lo anterior es tratando que en la formación se constituya un psicólogo/a capaz de comprender un contexto, pero esto no se puede realizar sin una comprensión sobre sí mismo, lo cual se aleja de una formación que cada vez intenta superar la incomodidad y el trabajo de formalizar un saber que fundamente unas prácticas psicológicas, en vez de eso, muchas formaciones toman el camino fácil de formatear un conocimiento que el de formalizar epistemológica, metodológica, y éticamente un saber, desconociendo que los papeles, lo códigos deontológicos o los formatos reglados o normalizados no pueden nunca reemplazar una responsabilidad por un saber, un compromiso con el deseo de enseñar, aprender y practicar los saberes psicológicos.

Lo que se propone es una formación más allá del intelectualismo en el mejor de los casos, y en el peor, de un “practicismo” utilitarista, que en los últimos años se ha convertido en una práctica para enseñar formatos y protocolos, “asépticos” y “neutrales”, alejados no solo de un contexto social sino de la propia subjetividad de los que lo aplican y de aquellos a quienes se aplican.

Para terminar un pequeño extracto del Banquete, donde Agatón busca a Sócrates:

—Ven, Sócrates, le dijo, permite que esté lo más próximo á ti, para ver si puedo ser partícipe de los magníficos pensamientos que acabas de descubrir; porque tengo una plena certeza de que has descubierto lo que buscabas, pues de otra manera no hubieras dejado el dintel de la puerta.

Cuando Sócrates se sentó, dijo:

—¡Ojalá, Agatón, que la sabiduría fuese una cosa que pudiese pasar de un espíritu á otro, cuando dos hombres están en contacto, como corre el agua, por medio de una mecha de lana, de una copa llena á una copa vacía! Si el pensamiento fuese de esta naturaleza, sería yo el que me consideraría dichoso estando cerca de ti, y me vería, á mi parecer, henchido de esa buena y abundante sabiduría que tú posees; porque la mía es una cosa mediana y equívoca, ó, por mejor decir, es un sueño. La tuya, por el contrario, es una sabiduría magnífica y rica en bellas esperanzas como lo atestigua el vivo resplandor que arroja ya en tu juventud, y los aplausos que más de treinta mil griegos acaban de prodigarte.

Bibliografía

Aguilera, A. (2006). Análisis epistemológico de la psicología académica y los programas de psicología en Colombia. Universidad Cooperativa de Colombia. Medellín: Universidad Cooperativa de Colombia.

Braunstein, N. (2003). Psicología, ideología y ciencia. México: Siglo Veintiuno.

Canguilhem, G. (1998) “¿Qué es la psicología?” Revista Colombiana de Psicología. Año 7. Publicación del departamento de Psicoanálisis. Universidad nacional de Colombia, pp. 7 -14.

Foucault, M. (2009). El nacimiento de la clínica. Una arqueología de la mirada médica. México:

Siglo Veintiuno.

__________. (2008) Nacimiento de la biopolítica, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Nietzsche, F. (1981). La voluntad de poderío. Madrid: Edaf.

Parker, I. (2010). La psicología como ideología. Contra la disciplina. Madrid: Catarata.

_______. (2009b). “Where professionalisation leads us in practice”, In: Psychotherapy in a state of bad health. European Journal of Psychotherapy & Counselling 11 (2) 211-220.

Puche, R. (2003). “Elementos relevantes para pensar un estado de arte de la psicología académica en Colombia”, en: Memorias del proyecto ECAES de psicología – 2003. Bogotá: Ascofapsi – ICFES.

Zizek, S. (2003) Ideología. Un mapa de la cuestión. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Notas

1.La banda de Moebius es expuesta por Jacques Lacan como aquello que permite romper con la dicotomía adentro-afuera.En este punto lo inconsciente no está ubicado en lo profundo, oculto, adentro del sujeto, sino que está en la superficie del discurso. Es decir, lo psíquico es lo que está expuesto.

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