María Enriqueta Figueroa Rubio
Andrea Olmos Roa

Universidad Nacional Autónoma de México Facultad de Estudios Superiores Zaragoza. México

Resumen

En el presente trabajo las autoras reflexionan sobre la resignificación de la formación profesional del psicólogo, con vistas a movilizar procesos educativos que favorezcan sus modos de afrontamiento de los retos que la realidad social pone ante ellos. Las autoras operan con contenidos “narrativos” que permiten considerar la subjetividad en el proceso de construcción de las identidades, mediante la reflexión autobiográfica de los estudiantes.

Se defiende la relevancia de la utilización del enfoque biográfico narrativo desde su perspectiva interpretativa, al considerar los significados de los actores para entender los fenómenos sociales y entre ellos la educación.

Palabras clave: identidad profesional, narrativa, subjetividad, educación

 

Abstract

In this paper the authors reflect on the redefinition of vocational psychologist, overlooking mobilize educational processes that favor their way of coping with the social challenges placed before them. The authors operate with contents "narrative" that allow us to consider the subjectivity in the process of identity construction, autobiographical reflection by students.

They defends the relevance of using biographical approach interpretive narrative from their perspective, to consider the meanings of the actors to understand social phenomena including education.

Keywords: professional identity, narrative, subjectivity, education.

La trama social, política, económica de nuestro país exige respuestas concretas a la educación superior que hace que reflexionemos particularmente en la resignificación de la formación profesional, en este caso del psicólogo, para movilizar procesos educativos que favorezcan su afrontamiento a los retos que la realidad social le exige.

Para esto necesitamos reflexionar sobre la postura científica de la psicología, el paradigma vigente ha limitado explicaciones al promover la distancia entre el investigador y el objeto de estudio en la búsqueda de la objetividad, provocando la despersonalización, la psicología se encuentra entre las dimensiones de una ciencia natural o social y entre lo evaluativo normativo, entonces ¿la vida humana natural pertenece a la naturaleza o a la vida social?, en este sentido Dilthey, desde la filosofía con su visión de las ciencias del espíritu se transpone ante el positivismo, al estudiar la naturaleza y la condición de la conciencia histórica y sostener una crítica a la razón histórica, por medio de la interacción de los tres tipos de investigación; teórico-científico, el histórico-científico y el hermenéutico-psicológico, buscando el entendimiento de la vida por medio de la conciencia misma, lo que lleva a una fenomenología del espíritu en forma empírica y evolutiva, provocando una verdadera filosofía de la vida hermenéuticamente dando cabida al conocimiento de las ciencias sociales (Ferrater, 2010).

Husserl se comprometió a criticar de forma positiva los fundamentos y métodos de la ciencia natural por su posición cientificista rigurosa, excluyendo al mundo de la vida, proponiendo el método fenomenológico después de sus investigaciones lógicas refutando el psicologismo, como forma de explicar muchos problemas planteados desde la teoría del conocimiento y de la ciencia, dentro de los estrechos límites del positivismo de hechos, ya que consideró la vida anímica como una cosa, una realidad sustancial, entonces resalta la necesidad de contemplar al ser humano como un “objeto muy peculiar” o mejor dicho un sujeto cognoscente. Considera como la participación de la subjetividad se vuelve parte del análisis de las propias vivencias, donde el mundo es el horizonte en lugar y tiempo, en el campo de la intersubjetividad el yo es anterior al ente, conduciéndolo a una dimensión trascendental (Husserl, 1998)

El dogma de los modos simbólico y no dual del conocimiento ocupa también un lugar destacado en las obras de Henri Bergson, Abraham Maslow, Trigant Burrow, Krishnamurti, Spinoza y demás autores, la única esperanza de contactar con la realidad dependerá necesariamente del abandono total del modo dualista de conocimiento. Si nuestro propósito es conocer la realidad, es en forma distinta de conocer al que debemos recurrir (Capra, 2010; Wilber, 1987).

El entretejido de los conceptos ante la acción de percibir, del representar y del pensar genera conocimiento, que ante la complejidad de nuestra sociedad actual, con nuevos sujetos, con formas de construir vínculos sociales, nos lleva a repensar y recuperar la dimensión subjetiva del estudiante siendo el objetivo de este estudio, al analizar las repercusiones que se producen en el proceso de enseñanza.

Desde la década de los 60 en las ciencias sociales se desarrolla la investigación biográfica y narrativa desde la perspectiva interpretativa, interesándose en los significados de los actores en el campo de la educación. En la construcción de los textos se valora el significado de acuerdo a la auto interpretación que los sujetos describen en primera persona resaltando la dimensión temporal y biográfica. Trascendiendo a otras ciencias sociales como la sociología al adoptar la orientación reflexiva en la producción biográfica, asimismo, la antropología y la etnografía al contemplar la cultura como texto, han desarrollado el enfoque narrativo, al ser los etnólogos y antropólogos narradores de historias, por lo que Geertz la declaró ser una ciencia que su principal tarea es la búsqueda de los significados, cuando se lee la cultura considerada como texto y la psicología también ha incluido a la narrativa al utilizar la metáfora en los relatos de reconstrucciones de vida (Bolívar, 2002). Donde la subjetividad construida por la cultura es una parte de la identidad, como un producto de la teoría de la cultura y de una teoría de los actores sociales.

Según Giménez el concepto de identidad se refiere tanto lo “socialmente compartido” y lo “individualmente único”, y se aprecia en dos niveles, el individual y el colectivo, este último es una aplicación equivalente al concepto donde el actor colectivo percibe cómo sus acciones tienen efectos en los otros y en sí mismo, entonces los conceptos de cultura e identidad están interrelacionados e indisociables en las ciencias sociales. Los entornos sociales, en grupos o sociedad, contienen repertorios culturales conformando las constelaciones de rasgos culturales, que dan cabida a la apropiación distintiva de la identidad, dado que tiene la función de delimitar las fronteras entre “nosotros y los otros”, siendo la principal, si no es que la única para diferenciarnos de los demás, por lo que el autor marca cómo la identidad es el lado intersubjetivo de la cultura, la cultura en representaciones, en imaginario en forma específicamente distintiva y contrastiva en la relación de los actores sociales.

Un aspecto fundamental de dicha subjetividad es la identidad profesional, de ahí que el propósito de este documento sea realizar una serie de reflexiones donde la narrativa nos permita aproximarnos a la experiencia juvenil con respecto a dicha identidad. De manera inicial haremos referencia al denominado giro “narrativo” (Bertaux, 1999; Bruner, 1997; Suárez, 2010), que permite considerar la subjetividad en el proceso de construcción de las identidades, mediante la reflexión autobiográfica de los estudiantes, con el fin de comprender cómo diversos actores significativos, experiencias académicas y culturales destacados en las vivencias relatadas a través de sus discursos y vinculaciones sociales, inciden en su construcción identitaria para posteriormente con base en dichos argumentos presentar reflexiones en torno a su vínculo con el proceso de enseñanza en el contexto universitario, ofreciendo algunas consideraciones finales a este.

La naturaleza humana ha tenido la necesidad de distinguirse entre seres vivientes de un mismo grupo o diferentes con implicaciones cognoscitivas de reconocimiento al ver a otros seres humanos como otros, Krotz ante la pregunta sobre la identidad planteaba que “a pesar de las diferencias patentes a primera vista y a pesar de muchas otras, que emergen solo con la observación detenida y que puede referirse a cualquier esfera de la vida, siempre se trata de reconocer a los seres completamente diferentes como iguales ... la igualdad en la diversidad y de la diversidad en la igualdad” (Krotz, 1994, pp. 6-7).

Los jóvenes configuran y reconfiguran su identidad a través de sus prácticas culturales y simbólicas ante un forcejeo con las representaciones que los adultos esperan, ellos crean sus estilos que tienen la función de identificadores entre similares y diferenciadores con los otros, dejando huellas como actores sociales (Urteaga, 2006).

La producción cultural tiene un carácter reflexivo, no es la cantidad de palabras las que conforman un texto, sino la accesibilidad a la dimensión significativa, al ser un fenómeno expresivo el joven converge su ser y su hacer y al visibilizar lo producido provoca un reconocimiento del sí mismo, descubriendo el estar ahí y estar presente. La identidad y las producciones culturales son comprendidas en forma global y analógica, en otras palabras la identidad en una plasticidad para llegar a la producción significativa de la coexistencia humana, por lo que la cultura y la identidad son aprehendidas en un flujo dinámico, de lo contrario si se ve la cultura en aislado sería verla como un cadáver inerte (Chaves, 2010).

Existen una serie de elementos en la conformación de la cultura, documentados en archivos detallados, en el análisis social se incorpora la dimensión histórica-hermenéutica en la búsqueda de la explicación del todo, sin embargo no es la cantidad de palabras para la creación de un texto, sino más bien, los vínculos de sentido para la comprensión de los fenómenos culturales con la capacidad de acceder a la dimensión significativa, en las producciones culturales las reflexiones buscan la identidad como expresión donde el ser humano juega entre el ser y el hacer, y al contemplar lo producido por uno mismo se dirige a reconocer lo que somos, el descubrimiento de dónde estamos y reconocer nuestra presencia. La identidad se muestra en la propia producción significativa de la existencia humana, así como la cultura que se genera en un flujo dinámico de la intersubjetividad (Chaves, 2010).

La falta de integración de una parte de las generaciones de jóvenes en las estructuras políticas, eco- nómicas, culturales y religiosas existentes es en buena medida ante la actitud de las instituciones, al marginar e invisibilizar a este grupo etario, la burocratización de la política y la economía con sus sis- temas de producción rígidos, la sociedad cada vez más orientada al lujo material, la educación se establece como un sistema de producción de profesionales, en respuesta los jóvenes expresan su insatisfacción, formando asociaciones marginales para defender su propia contracultura, incrementándose cada vez más ante la perspectiva poco gratificante. Las llamadas tribus urbanas son consecuencia directa de las pocas posibilidades de promoción, donde los jóvenes evadan los márgenes establecidos, buscan donde llenar sus horas de ocio, cuando los sistemas de enseñanza no satisfacen las expectativas de los jóvenes, sin perspectiva del futuro, la falta de oportunidades de empleo generan una desigualdad de condiciones, de la civilización y el consumo, generando una sensación de inutilidad y desconcierto manteniendo este conflicto permanente, y su actuación refleja la sensación de no estar preparado para la vida (Soriano, 2001).

Chaves da cuenta de las perspectivas de los jóvenes plasmados en sus relatos, recuperando y transmitiendo las imágenes de sus estilos y su relación con los espacios físicos (2012).

La identidad social se manifiesta con la juventud y es referida a los sistemas de relaciones, las identidades de cierta clase de personas se incluyen al interior del sistema de relaciones articuladas en sus diferentes visiones institucionales, como la familia, escuela, partidos políticos, etc. Las identidades son parte del sistema de significaciones que conforman el concepto de “juventud”, y mejor dicho de juventudes o juventudes múltiples, por las diferentes formas de ser joven ante la diversidad económica, social y cultural, influyendo en las características de clase, lugar donde viven, a la generación que pertenecen, provocando un emergente cultural variado y móvil que abarca sus comportamientos, referencias identitarias, lenguajes, estilos de socializar. La noción de juventud históricamente ha sido construida entre varias categorías, por mencionar algunas, diferenciación social, género, generación, etc. rebasando la edad ante las significaciones complejas, como las características de cada sociedad, comportamientos y códigos culturales diferenciados, han desaparecido ritos de paso, se ha reducido la visibilidad de los espacios sociales correspondientes a cada sector etario, de ahí que la noción tiene en su intimidad las múltiples categorías que procesan culturalmente la situación de edad, incluyendo la inserción familiar, la diferenciación social, el género, la subcultura grupal (Margus, 2001).

La pedagogía necesita abordar las actitudes, subjetividades y anhelos de la generación juvenil, para identificar las identidades y sus mapas de significado dentro del contexto cultural con sus prácticas novedosas e híbridas, donde la función de los docentes será entender cómo van surgiendo estas identidades en los espacios escolares, para redefinir la relación con la modernidad en la cultura, para dar apertura a nuevos espacios e instituciones para que los estudiantes de psicología puedan experimentar y definir el significado de ser productos de una cultura de derechos, igualdad y respeto.

La narrativa en los últimos años ha sido una propuesta metodológica para abordar en el campo de la escuela, las vicisitudes de los docentes en su práctica cotidiana. Este enfoque de investigación ha lo- grado credibilidad y legitimidad en la tarea de construir conocimiento en educación. Este no se ha limitado en la recogida y análisis de los datos, de acuerdo al paradigma cualitativo convencional, el contar las propias vivencias y leer en el sentido interpretativo, los hechos y acciones se muestran como historias narradas, esto da un giro a la forma de investigar. Bolívar desde su experiencia ha des- tacado, la relevancia de la narrativa en la investigación educativa, y el cómo se ha consolidado un grupo de investigadores en el campo de la educación, así como los aportes de la narrativa en generar conocimiento en comparación con la investigación formal. También el debate epistemológico que los relatos biográficos han generado, y cómo se ha reafirmado un estilo propio de investigación y de generar conocimiento (Bolívar, 2002).

Reflexiones

La identidad es dinámica, los jóvenes la configuran y reconfiguran por medio de sus prácticas culturales y simbólicas en situaciones tirantes con las representaciones esperadas por los adultos, son creadores de sus propios estilos que los hacen distintos a los otros e identificadores entre los afines, en su trayectoria por la vida como actores sociales.

La reflexión cumple un papel de producción cultural, la cantidad de palabras en un texto no es tan relevante, como la accesibilidad al nivel significativo, el fenómeno expresivo en los jóvenes confluye en su ser y su hacer, en la toma de conciencia dirige un autodescubrimiento del estar ahí y estar presente. La identidad y la producción cultural están ligadas para su comprensión, la identidad en su maleabilidad se dirige a la producción significativa de la coexistencia humana, tanto la identidad como la cultura son aprendidas en un constante movimiento, inseparables.

De ahí la relevancia de la utilización del enfoque biográfico narrativo desde su perspectiva interpretativa, al considerar los significados de los actores para entender los fenómenos sociales y entre ellos la educación, los textos adquieren un valor significativo dada la auto interpretación que hacen los sujetos en los relatos en primera persona, dando peso a la temporalidad y la biografía. Reivindica la subjetividad como una condición urgente del conocimiento social, además de expresar la experiencia vivida, media la propia existencia, configurando la construcción de la experiencia social de la realidad, otorgando primacía al yo dialogal, y en su postura relacional y comunitaria promueve una intersubjetividad por medio del discurso comunicativo, las descripciones anecdóticas dan cabida a los sentimientos, vivencias y acciones, dando legitimidad a esa forma de construir conocimiento por medio de los relatos que favorecen la comprensión de cómo los jóvenes dan sentido a lo que hacen en su diario vivir dentro de su contexto juvenil como actores sociales en su estancia en la universidad donde se formarán como futuros psicólogos.

Bibliografía

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