Olga Fernández González
María de los Ángeles Oyarzún Farías
Elizabeth San Pelayo Ferrer

Chile

Resumen

Esta investigación exploratorio-descriptiva y con enfoque metodológico cualitativo presenta los resultados acerca de las Representaciones Sociales Femeninas en torno a la paternidad. Los datos fueron recolectados en diecinueve mujeres mediante dos grupos de discusión y entrevistas en profundidad; la información fue analizada mediante la Teoría Fundamentada. Los resultados se presentan en torno a dos grandes fenómenos: A) Representaciones de un buen padre: del ser y del hacer, y B) Factores facilitadores y obstaculizadores de la buena paternidad. En relación a las representaciones paternas respecto al ser, destaca una dimensión afectiva; mientras que desde el hacer, aluden a las funciones que esperan realice el padre organizadas en tres áreas: cuidado de los hijos, participación en labores domésticas y rol de proveedor económico. Por otra parte las mujeres reconocen como factores mediadores de la buena paternidad la calidad de la relación de pareja, las experiencias de socialización del padre en una cultura machista, y la misma actitud de la madre hacia la participación del padre.

Palabras claves: Buen padre, representaciones sociales, nueva paternidad, familia

Abstract

This exploratory- descriptive and qualitative methodological approach presents the research results about the Women's Social Representations about parenthood. Data were collected from nineteen women using two focus groups and in-depth interviews; information was analyzed using Grounded Theory. The results are presented in around  two major phenomena: A) Representation of a Good Father of Being and Doing, and B) Facilitators and Hindering Factors of Good Parenting. In relation to parental representations regarding being out an affective dimension; while from doing allude to perform functions that expect the father organized into three areas: childcare, domestic work and participation in economic provider role. Moreover women recognized as mediators of the good quality parenting relationship, socialization experiences of the father in a macho culture and the attitude of the mother toward father involvement.

Keywords: Good father, social representations, new parenthood, family

Introducción

Las transformaciones sociales, culturales y económicas que se han presentado en las últimas décadas es indudablemente que han repercutido en la estructura básica de la sociedad, la familia, generando una serie de cambios entre los que podemos encontrar la incorporación de la mujer al mundo laboral, el aumento de hogares con jefaturas femeninas, altos índices de nuevas uniones, diversidad familiar y de parejas y cambios en las representaciones del ser hombre y mujer. En relación a este último punto han surgido una serie de transformaciones en la configuración de la paternidad.

Es en este sentido que Montesinos (2004) plantea que actualmente la identidad masculina y la paternidad se nutren de dos modelos del ser padre. Uno basado en los rasgos tradicionales, y otro que va surgiendo con características nuevas que reflejan un ejercicio de la paternidad basado en el respeto, el cariño y el afecto.

Relacionado con esta problemática han surgido numerosos estudios con respecto a las representaciones sociales que tienen los hombres en torno a la manera en que estos se desenvuelven como padres. Investigaciones en diversos países han intentado dar respuesta a este tipo de interrogantes, entre los cuales se encuentran Chile (Olavarría, 2003; Gallardo, 2006), México (Velásquez, 2004), Perú (Fuller, 2001), Venezuela (Banchs, 1999) y España (Torres, 2004), los que no incluyen las representaciones que las mujeres tienen con respecto a los hombres y la paternidad.

De acuerdo a lo antes expuesto es que surge el interés por explorar respecto a las representaciones sociales de las mujeres en torno al rol de buen padre.

El estudio se efectuó en el marco del enfoque cualitativo, con un alcance exploratorio-descriptivo y un diseño de tipo flexible. Las técnicas de recolección de información utilizadas fueron la entrevista en profundidad y el grupo de discusión, y el análisis de los datos se realizó mediante la teoría fundamentada.

El presente documento se estructura en cuatro apartados: objetivos del estudio general y específicos; marco conceptual en el que se exponen antecedentes teóricos y empíricos en torno a la temática de la paternidad; metodología empleada, presentándose el diseño metodológico y los resultados obtenidos y por último, las conclusiones que permiten hacer un cierre al estudio relevando los hallazgos más significativos y aventurando nuevas directrices de investigación.

Objetivos

Objetivo general

Describir las representaciones sociales de las mujeres entre veinticinco y cuarenta y cinco años de la ciudad de Talca respecto al rol del buen padre.

Objetivos específicos

Definir las representaciones sociales respecto al rol del buen padre según las mujeres entre veinticinco y cuarenta y cinco años.

Identificar las creencias, sentimientos y actitudes que obstaculizan el rol paterno, según mujeres entre veinticinco y cuarenta y cinco años.

Identificar las creencias, sentimientos y actitudes que favorecen el rol paterno, según mujeres entre veinticinco y cuarenta y cinco años.

Marco referencial

La reflexión en torno a los procesos de modernización ha sido aplicada a un conjunto de cambios muy complejos que afectan a todas las sociedades humanas. Una de las características de la sociedad moderna es el debilitamiento de roles sexuales tradicionales y las transformaciones en la familia (Tironi, Larragaña,Valenzuela, Gubbins, 2003).

En relación a este punto, en Chile según el censo 2002 se han evidenciado algunas características y tendencias de cambios en las familias, entre las que se destacan: la estructura familiar predominante corresponde a los hogares nucleares con hijos e hijas alcanzando el (47, 8%) de las familias a nivel de país; predominio de uniones en parejas basadas en el matrimonio (58,1%) e incremento de las convivencias (de 6,2% a 9,7%); creciente participación laboral de las mujeres: Casen 1990, 31% (1,360,405)- Casen 2009, 38% (2,523,293) (85%); los hogares monoparentales representan el (16,4%) de los hogares del país y dentro de estos los de tipo nuclear monoparental constituyen el (9,4%), aunque esta última no representa la estructura familiar predominante del país, se destaca el aumento que ha tenido en los últimos años. El (85,1%) de estos hogares son jefaturados por una mujer, no obstante se evidencia un fenómeno interesante en el censo del 2002; un ligero aumento de hogares jefaturados por varones 1992 (14,7%), mientras que en el 2002 se elevó a un (14,9%), emergiendo una nueva realidad sociocultural, los varones comienzan a asumir la tuición de sus hijos(as).

De acuerdo a Olavarría (2001a) en Chile los procesos de globalización y cambios en la economía han potenciado las demandas de la modernidad en el espacio de la familia al cuestionar las bases de la familia nuclear patriarcal por ser inequitativas, no permiten la autonomía y la diversidad entre sus miembros, impiden relaciones de intimidad, igualdad y democracia familiar. Todo ello ha contribuido a que se inicie un proceso de desideologización de las relaciones entre hombres y mujeres tanto en sus identidades como en las relaciones de género con sus parejas e hijos(as).

Las perspectivas actuales consideran que la masculinidad se encuentra determinada por la ideología dominante, la cual condicionará los significados que se le atribuyen a las diferencias sexuales, dándole sentido y estructurando así una práctica social, la que se verá plasmada en comportamientos y relaciones sociales. Así, es posible identificar cierta versión de masculinidad que se erige en norma y deviene en hegemónica, incorporándose en la subjetividad tanto de hombres como de mujeres, que forma parte de la identidad de los varones y que busca regular al máximo las relaciones de género. Este modelo impone mandatos que señalan tanto al varón como a las mujeres, lo que se espera de ellos y ellas, siendo el referente con el que se comparan y son comparados los hombres (Connell, 1997). Este mismo autor, propone que las transformaciones económicas y los cambios sociales están provocando una crisis de la masculinidad.

Para Olavarría (2001b), estas transformaciones son las que propician el cambio desde una masculinidad hegemónica a la existencia de múltiples masculinidades. Según Montesinos (2007) estos cambios sociales y culturales han generado un conflicto entre la tradición y la modernidad, en específico en cuanto a la masculinidad reconoce que no se define plenamente una nueva identidad masculina pues aún no renuncia al estereotipo tradicional, y la nueva paternidad se encuentra en construcción. Ahora la modernidad supone la coexistencia de dos formas de reproducción e interacción social: una que representa al pasado y la otra naciente; las dos generando una contradicción y por tanto provocando situaciones de conflicto individual y colectivo.

La existencia de una nueva masculinidad ha repercutido en la definición de la paternidad, ya que esta junto con la reproducción representa la consumación de la identidad masculina. En este sentido Montesinos (2004) señala que “el ejercicio de la paternidad, como el de la maternidad, constituye simbólicamente la síntesis cultural que pone a prueba uno de los elementos del género donde ser hombre adquiere una imagen casi sublime”. (p.201).

Tanto la maternidad como la paternidad son atributos que se aprenden mediante las experiencias de vida de las personas, las cuales se construyen a través de las relaciones sociales estando determinadas por el momento histórico, la influencia de la cultura y del grupo social al que pertenecen. Del mismo modo, la paternidad abre una nueva etapa del ciclo vital en la cual se resignifican las lealtades, metas y características del varón. Es una transformación de la identidad personal y de género, ya que se modifica el vínculo con el grupo de amigos y con la familia de origen, dirigiendo sus esfuerzos hacia el mantenimiento y formación de la propia familia (Fuller, 2001; Olavarría, 2003). Es así como Zicavo (2010) plantea “no nacemos padres y madres, sino que devenimos en tales mediante una construcción personal basada en lo que la familia, la sociedad y las pautas culturales nos van depositando en nuestra historias personales, es decir, en el proceso de apropiación de la cultura”(p.95).

La paternidad se concretiza en el ejercicio del rol de padre; en este sentido es importante considerar que los roles son entendidos como los papeles o funciones asignados socialmente a los individuos, no obstante los sujetos van incorporando lo asignado con adaptaciones personales convirtiéndose en lo asumido, lo cual guarda estrecha relación con lo asignado aunque no resulte idéntico. De esta manera, el rol logra ser enriquecido, reconociéndose en constante cambio, adaptación y desarrollo.

Respecto al tema de la paternidad entendida como “una de las formas sociales mediante las cuales se exterioriza la identidad masculina” (Montesinos, 2004, p.199), diversos estudios evidencian que también ha presentado cambios como consecuencia de estas trasformaciones culturales. Según Olavarría (2001) en la actualidad coexisten dos modelos de ser padre: el modelo tradicional de la paternidad y la nueva paternidad. Basándonos en Zicavo (2006) algunas características tradicionales del padre se relacionan con ser buen proveedor y trabajador, invulnerable a la ternura y la emocionalidad, homofóbico, disciplinador, entre otros. Por otra parte, la nueva paternidad se caracteriza por un cuestionamiento al autoritarismo ejercido por el padre y a la ausencia de un vínculo basado en la afectividad, proponiendo el ejercicio de una paternidad que reconoce a la feminidad como un igual, asumiendo de manera equitativa los compromisos de la pareja, teniendo como rasgos distintivos el respeto, el cariño y el afecto.

En esta línea Filgueiras et al (2006), plantean que en la actualidad muchas de las obligaciones de la paternidad, tales como proveer o ser jefes de hogar, son puestos a prueba, ya que se puede afirmar que existe una mayor participación del padre en el ámbito familiar, dado que se ha empezado a cuestionar el sentido de su paternidad, sus propias subjetividades, relaciones y prácticas en los cuidados del niño.

Autores como Connell (1997), Olavarría (2003) han planteado que los hombres con frecuencia están comprometidos con sus esposas e hijos(as) en relaciones de cuidado, sustento familiar y quehaceres domésticos. Esta idea es reforzada por la revisión de estudios realizados por Sadler (2007), donde se establece que los hombres, están mucho más comprometidos con las tareas del hogar y el cuidado de sus familias. Además estos estarían reclamando más tiempo para estar en sus hogares, deseando participar en la crianza y acompañamiento de sus hijos(as), y argumentando que las condiciones de trabajo son cada vez más exigentes en tiempo, horarios y las remuneraciones son insuficientes para darles a sus familias una calidad de vida aceptable.

Los cambios objetivos de las condiciones de vida en las últimas décadas, sobre todo las relacionadas con la economía y los valores de la modernidad han generado profundos cambios en la forma de ejercer los roles, los cuales se han visto influidos por las interacciones que se dan entre hombres y mujeres al interior del espacio familiar; específicamente en el caso de la paternidad, las identidades femeninas desempeñan muchas veces el punto de referencia desde el cual los hombres van construyendo una nueva forma de ejercer la paternidad, las opiniones y puntos de vista de ellas contribuyen a un replanteamiento en las formas de participar en la crianza y socialización de los hijos(as). Siguiendo en esta misma línea, se reconoce que es el proceso comunicativo el que permite a la pareja la interacción y redefinición mutua de los significados al interior de la familia.

De acuerdo a Olavarría (2001) el involucrarse y participar los hombres en la crianza de sus hijos(as) se debe principalmente a la conjugación de diferentes factores, destacándose las demandas y expectativas de las mujeres hacia sus parejas, su interés por colaborar en la crianza debido a la incorporación de la mujer al mundo laboral y para experimentar una mayor cercanía con sus hijos(as).

Los varones se suman así a las tareas específicas de la crianza, como una manera de complementar y ayudar a sus parejas. Ello indica que estos quehaceres son considerados como una actividad propia de las mujeres, donde el hombre se percibe en una relación de complemento en la ejecución de esta función (Olavarría, 2001). Estos procesos se ven reforzados por las resistencias que imponen las propias mujeres a compartir el control de lo doméstico y el monopolio de la crianza dificultando el surgimiento de un espacio para el padre en la esfera privada (Valdés y Godoy, 2008).

Según Olavarría (2001) “la actitud de la mujer al inicio de la convivencia define en gran medida la participación del varón en las actividades reproductivas del hogar. La vida en pareja estará condicionada por el tipo de relación que desde el inicio la mujer espera construir; dependerá de su capacidad de negociación y de los recursos de poder que disponga para involucrar al varón en la crianza y las actividades domésticas”(p.95). El tipo de relación afectiva que logre establecer la mujer con su pareja condicionará los recursos de poder que esta tendrá para negociar la incorporación del varón al ámbito doméstico.

En el ámbito familiar las interacciones que se generan en el subsistema parental contribuyen al surgimiento de representaciones en torno a los roles que deben cumplir como padre y madre, por lo que la existencia de cambios en la paternidad implicaría modificaciones en las representaciones sociales respecto al padre. En este sentido podemos definir las representaciones sociales como una forma de conocimiento socialmente elaborado y compartido orientado hacia la práctica y que concurre a la construcción de una realidad común a un conjunto social (Jodelet, 1989).

Las representaciones sociales involucran la dimensión psicológica y social, elaborando el conocimiento a partir de nuestras propias experiencias y códigos, además de las informaciones recibidas socialmente. Autores como Moscovici & Rosenbaum (2002) atribuyen a las representaciones sociales un papel fundamental en las dinámicas de las relaciones, las cuales permiten comprender y explicar la realidad mediante la adquisición e integración de conocimientos, definiendo un marco de referencia común que permita el intercambio social.

Metodología

La presente investigación tiene un diseño exploratorio-descriptivo y emplea un enfoque metodológico cualitativo (Hernández & Baptista, 2003). La exploración se desarrolló en dos etapas: dos grupos de discusión y entrevistas individuales en profundidad (semiestructuradas), ahondando en las temáticas pesquisadas como centrales en los grupos de discusión y que requerían de mayor información.

a) Participantes

Las participantes fueron convocadas a través de distintos contactos con organizaciones del equipo de investigación, realizando un muestreo no probabilístico de modalidad Intencionado. Se consideraron los siguientes criterios de inclusión para garantizar homogeneidad y diversidad: convivencia (formal o informal) de por lo menos un año con su pareja; tener a lo menos un hijo en común con su pareja actual; mujeres con y sin trabajo remunerado; que sus parejas trabajen con remuneración sistemática; y que el grupo familiar se encuentre en condición de no pobre según método de línea de la pobreza e indigencia (ingreso máximo $1, 200,000). Se decidió considerar la variable trabajar fuera del hogar y solo en el hogar, para observar si habían diferencias en las representaciones, a modo de controlar esta experiencia subjetiva en la configuración de las representaciones de la paternidad.

Las participantes fueron un total de diecinueve mujeres. Los grupos de discusión fueron dos, uno con mujeres que trabajan con remuneración sistemática (N=6) y otro con mujeres que no trabajan con remuneración sistemática (N=5). Las entrevistas en profundidad desarrolladas fueron ocho 8 (N=5 mujeres que trabajan con remuneración sistemática y N=3 mujeres que no trabajan fuera del hogar). (Tabla 1)

b) Instrumentos

Se utilizaron como técnicas de recogida de datos el grupo de discusión y la entrevista en profundidad semiestructurada en formato individual. Para cada instancia, se elaboraron guiones temáticos dirigidos a explorar las dimensiones afectivas, cognitivas, creencias y comportamientos relacionados con ser un buen padre. En el caso de los grupos de discusión, el guión también permitió a los participantes compartir opiniones; en las entrevistas individuales se indagó con mayor especificidad aspectos poco desarrollados en los grupos, así como también se usó para aclarar planteamientos surgidos en los grupos de discusión que faltaba saturar. La información audiograbable de cada grupo de discusión y entrevista fue transcrita para su análisis.

c) Procedimiento

Una vez que fueron convocadas las mujeres que conformaron la muestra se procedió a explicarles los objetivos del estudio y se obtuvo consentimiento informado de las participantes. En primera instancia se desarrollaron los dos grupos de discusión los que tuvieron una duración aproximada de una hora. Posterior a los análisis de los grupos, se realizaron las entrevistas semiestructuradas a las 8 ocho mujeres, con una duración aproximada de media hora.

d) Análisis de los datos:

El análisis de los datos de la investigación se está desarrollando en base a la teoría fundamentada (Grounded Theory) propuesta por Corbin & Strauss (1990). Este método pretende generar explicaciones de forma sistemática por medio de la codificación explícita y la utilización indispensable de procedimientos de carácter analítico.

 

Actividad

Edad

Número de hijos

Edad hijos

Tiempo de convivencia

Nivel educacional

Participación

1.Trabajadora

29

3

10, 9 y 1

10

Universitaria

Grupo de discusión trabajadora

2.Secretaria

37

1

12

15

Técnico

Grupo de discusión trabajadora

3.Docente Universitaria

28

2

3

3

Universitario

Grupo de discusión trabajadora

4.E. de párvulos

34

1

9

1

Universitario

Grupo de discusión trabajadora

5.Bibliotecóloga

44

3

7, 17 y 23

10 años

Técnico

Grupo de discusión trabajadora

6.Administrativo

40

2

2 y

11 meses

3

Técnico

Entrevista

7.Funcionaria Ejército de Chile

25

1

1

4

Medios completos

Grupo de discusión trabajadora

8.Asistente docencia

41

2

11 y 13

15

Técnico Completo

Entrevista

9.Auxiliar de Aseo

37

2

1 y 8

8

E.Media completa

Entrevista

10.Docente Universidad

34

2

3 y 9 meses

4

Universitaria

Entrevista

11.Maestra de cocina

39

2

14 Y 21

22

E. Media

Entrevista

12.Dueña de casa

38

5

7,9,12,

13 y 17

15

E. Media incompleta

Grupo de discusión no trabajadora

13.Dueña de casa

29

2

6 y12

7

Básica completa

Grupo de discusión no trabajadora

14.Dueña de casa

38

4

18, 14 y

12

18

Universitario

Grupo de discusión no trabajadora

15.Dueña de casa

38

3

18,16 y 7

9

E. Media incompleta

Grupo de discusión no trabajadora

16.Dueña de casa

41

3

15, 9 y 25

25

E. Media incompleta

Grupo de discusión no trabajadora

17.Dueña de casa

24

1

5 años

7

Universitario

Entrevista

18.Dueña de casa

36

1

5 años

10

Universitario incompleto

Entrevista

19.Trabajo doméstico

37

2

19 y 21

19

Técnico

Entrevista

Tabla 1: Descripción Muestra

e) Resultados:

Los resultados de esta investigación se presentan en torno a dos grandes fenómenos A) Representaciones de un buen padre: del ser y del hacer, y B) Factores facilitadores y obstaculizadores de la buena paternidad. Se presentan los resultados describiendo estos dos grandes fenómenos observados. Es importante señalar que dado que estos se presentan en forma muy similar en los grupos de madres que trabajan dentro y fuera del hogar, solo se mencionará en forma explícita donde manifestaron algunas diferencias.

Representaciones del Buen Padre (BP): ¿Cómo es y qué hace?

Las características relacionadas con el “ser”que las madres señalan para identificar a un BP son esencialmente características afectivas positivas, ligadas a la expresión de afectos. Se enfatiza el ser cariñoso, entregar afecto en forma explícita, ser preocupado e interesado por los hijos(as), poner atención a lo que es cada uno de los hijos(as) y reconocimiento de sus necesidades.

… “escucharlo más yo creo, o sea dedicarle tiempo, porque ellos preguntan tanto”.

(E8:40, no trabajadora)

A la vez, se destacan disposiciones o estados afectivos positivos más estables de la manera de ser, que se relacionan con ser receptivo y con espíritu positivo: buen ánimo, alegre, no mañoso, no explosivo, buen humor…“Ser paciente (c21), ser alegre y tener buen humor (c34, c32, c38, c37). Este hallazgo es concordante con lo planteado por los propios varones, en relación a que ser buen padre se relaciona con ser una persona integral. (Gallardo, Gómez, Muñoz & Suárez, 2006).

Este énfasis en las características afectivas se puede relacionar con que la función de padre tradicional no consideraba esta dimensión como central, entonces a modo de resaltar la necesidad de incorporarlo se hace tan demandada. Esto es consecuente con lo que plantean estudios anteriores respecto a incluir la afectividad en la nueva paternidad, ya que la paternidad tradicional no la contemplaba (Gallardo, et al, 2006).

Dentro de las representaciones del BP más ligadas al hacer o actuar, se hace referencia a funciones o conductas que debería realizar un BP. Las funciones o tareas que debe cumplir un BP, se pueden organizar en tres grandes áreas; una que tiene que ver con el cuidado de los hijos(as), otra con la participación en las labores domésticas y por último con cumplir la función de proveedor económico.

En cuanto al cuidado de los hijos(as), las madres distinguen dos grandes áreas donde esperan que el padre participe directamente. Las labores o tareas de cuidado/crianza y el ejercicio de la autoridad con los hijos(as).

... ”debiese estar en todas las áreas, pero en lo que es la crianza y sobre todo en la formulación de reglas para con los hijos, yo creo que es fundamental la participación del papá…” (E4:5, trabajadora)

... ”el que cuida a sus hijos, que le da educación, que se ocupa que no le falte nada, comida, educación, cariño, amor, que tenga su espacio, para mí eso es ser un buen padre…”(E8:4, no trabajadora)

Las madres consideran que para ser un BP es necesario involucrarse en la crianza de los niños(as), siendo muy importante la participación del padre en las actividades diarias de cuidado y crianza de los niños(as), así como en la resolución de conflictos cotidianos en la vida de estos.

… “que ellos se preocupen, supongamos de que los niños vayan preparados al colegio, si sus mochilas están listas, si está su colación, si realmente prepararon sus tareas para el día cuando van a levantarlos … de que él los vaya a buscar, porque como que delegan mucho eso a las mamás, quién los va a buscar al colegio, al jardín, y si no puedes ir, yo voy, compartamos eso preestablecerlos desde el día antes …”(G34,S2, no trabajadora).

Manifiestan que esta participación debe ser continua a lo largo de la vida de los hijos(as), solo variando en su forma de expresión. En los primeros años, la participación está más ligada a funciones de alimentación y cuidado; cuando se encuentran en edad escolar esta se centra en el apoyo a las actividades y tareas escolares; cuando los hijos(as) son adolescentes en los temas de límites y normas, así como también en lo que tiene que ver con sexualidad o contacto con el sexo opuesto.

”mis hijos andan necesitados en la etapa de la pre-adolescencia y en la adolescencia, han necesitado mucho la figura del padre, … han tenido que ir descubriendo muchas cosas que les suceden a los hombres, específicamente a los hombres, … entonces en esa etapa es más importante, lo que no quiere decir que en toda la etapa de un ser humano es importante la figura paterna” (E2:16, trabajadora).

A su vez, las madres que no trabajan fuera del hogar aluden en concreto a la importancia de la presencia del padre en el hogar. Que pueda ser modelo, que dé el ejemplo, que comparta tiempo en casa, que entretenga y juegue con los hijos(as). Para ellas la presencia en sí misma es una función.

.....”valorar que nuestros hijos tengan al papá al lado más que a lo mejor buscar el modelo…” (grupo de discusión, no trabajadora G104, S3)

En cuanto al ejercicio de autoridad con los hijos(as), las madres plantean que es importante el padre para el establecimiento de límites y normas con los hijos(as), y especifican que sea una autoridad democrática, cercana, no temida. A la vez aluden a la consistencia con el ejemplo, y al acuerdo entre ambos padres.

….. “yo creo que no ser muy bueno, para decir a todo que sí … ” (grupo de discusión, no trabajadoras, G6,S3)

… ”yo creo que la autoridad tiene que ver un poco con poner límites, entonces yo creo que los límites se ponen con cariño. A veces hay situaciones críticas que uno tiene que castigar y retar, pero siempre debe ser con amor … ” (grupo de discusión, trabajadoras, G76,S4)

Esta función la plantean especialmente cuando los hijos(as), van creciendo, en la etapa escolar y la adolescencia para el cumplimiento de los deberes escolares y por el tema de los permisos y castigos. Esta dimensión del ser BP está más cercana al rol tradicional del padre, donde se configura como la autoridad dentro del grupo familiar, aunque con el matiz más moderno de ser democrática.

La participación en las labores domésticas es otra dimensión importante dentro de las conductas esperables de un BP, aunque principalmente mencionada por las madres que trabajan.

….”o sea prácticamente me está apoyando en todo lo que es de la casa” (E1:24, trabajadora).

Sin embargo es necesario destacar que tanto en madres que trabajan fuera del hogar, como en las que no lo hacen, esta participación es vista como una colaboración, como un apoyo, pero no como una labor propia del ser padre.

Por último, la tercera dimensión dentro de las funciones del BP, es la de ser proveedor económico. Sin embargo, son explícitas en manifestar que no basta con esta función, planteando que es necesaria pero absolutamente insuficiente, y tampoco es excluyente con que ellas también puedan ser proveedoras.

…”lo acompaña en todo el proceso de crecimiento, ya sea desde que nacen y a medida que se van desarrollando como niño y adolescente, porque los hombres tienen la idea de que ser papá significa darle comida, una casa y pare de contar”(E2:2, trabajadora).

”es quien entrega el cariño, el que entrega no sé, la alimentación y todas esas cosas, … es el apoyo de todos los días” (E5:4, no trabajadora).

Entonces, la representación del buen padre incluye una dimensión importante afectiva de preocupación por el hijo(a) en lo cotidiano y por su desarrollo psicológico, social y escolar, que se expresa en participar en labores de cuidado, puesta de límites, estar presente, así como también colaborar en el funcionamiento del hogar y proveer recursos económicos para su sustento. Esta visión de la paternidad mantiene representaciones de la Paternidad Tradicional en cuanto al ejercicio de la autoridad y la función proveedora de recursos económicos, e incorpora la afectividad, los cuidados y preocupación por el hijo(a) en lo cotidiano, así como compartir las labores domésticas, de la nueva paternidad.

Facilitadores y obstaculizadores: Mediadores en el ejercicio de la Buena Paternidad.1

El ejercicio de la Buena Paternidad no es un fenómeno aislado sino que surge dentro del contexto macrosocial-cultural y familiar. Dentro de los factores macrosociales que las madres mencionan que afectan directa o indirectamente el ejercicio de la paternidad son la socialización dentro de una cultura machista, con roles de género estereotipados, que no les ha permitido tener una experiencia de vida con padres cercanos y tampoco los ha preparado para involucrarse en el cuidado cercano con los hijos(as). Sin embargo, para algunos padres esta experiencia es un facilitador ya que no quieren repetir la experiencia. Desde otra perspectiva, las mujeres también consideran la cultura como un facilitador, ya que estiman que se han presentado cambios en el proceso de socialización que apuntan a una mayor equidad en los roles de género, nuevos referentes del ser hombre y ser mujer, así como la valorización de la mujer en los ámbitos públicos y privados.

Dentro del contexto familiar se va configurando en el discurso de las madres que los mediadores centrales son la pareja de esposos y ellas mismas como madres. El rol de mediador puede en ocasiones facilitar el desempeño y en otras ocasiones obstaculizarlo.

Se reconoce a la madre como un facilitador del rol paterno, en ambos grupos de mujeres, en la medida que permiten e incentivan a los padres a conocer y participar de la vida de los hijos(as). Las mujeres hacen diferentes consideraciones en relación a las distintas formas en que pueden operar como facilitadoras. Una de estas alternativas es generando el espacio de participación, esto puede darse de forma más o menos explícita/directa. En forma más directa, ellas plantean que piden ayuda en tareas específicas con los hijos(as),  y si esta invitación no es respondida algunas mencionan que presionan la participación del padre.

…”yo alguna vez le dije ‘tengo que salir y me fui, quédate con el problema’, es que era la única opción y así aprendió … ”(grupo de discusión trabajadoras, G201, S4).

Es interesante destacar que cuando se solicita la ayuda, no se debe evaluar el desempeño del padre o su modo de hacer las cosas, ya que si se critica o se espera que el padre realice las acciones al modo de la madre, esto obstaculiza la participación.

“... yo puedo dar un ejemplo, a veces yo le digo ‘vístela tú’, es que yo no sé qué es lo que se le pone, ellos no saben que primero se le pone el pilucho, el pañal, el calcetín, es algo lógico, ¿cómo te vistes tú?, ellos no saben y se complican enteros porque es una guagua …” (grupo de discusión trabajadoras, G44, S4).

En cuanto a las formas más indirectas de promover la generación de una BP, las madres plantean que una buena comunicación con los padres acerca de los temas de los hijos(as) (necesidades, intereses, problemas e inquietudes) favorece la generación de la Buena Paternidad. También comunicar las áreas donde ellas se sienten sobrepasadas o con menos recursos en el cuidado con los hijos(as), es una manera de generar espacios de participación en el padre.

Por otra parte, la madre también puede transformarse en un obstaculizador cuando no pide la colaboración del padre o cuando critica o descalifica la forma de relacionarse del padre con sus hijos(as). Así también puede establecer alianzas con el hijo(a), en contra del padre, en forma explícita o implícita, esto último relacionado con la dificultad para establecer diferencias de funcionamiento entre el sistema conyugal y el parental.

“… si hay una relación de pareja, esa relación tiene que ser buena y es la proyección que ven los niños, porque si los niños ven una relación de pareja que siempre están peleando, difícilmente van a poder ser libres en los sentimientos que tienen con sus papás, porque siempre van a tomar partido o represalias contra uno de los dos …”(E3:50, trabajadora).

En cuanto a la pareja de padres-esposos como mediadores de la Buena Paternidad, se menciona que funciona como facilitadora cuando existe: una buena relación de pareja, límites claros entre el subsistema conyugal y parental y cuando existe acuerdo por parte de los padres respecto al estilo de crianza. Además, dentro de la pareja es importante que exista una clara conciencia en ambos padres, en lo que se refiere a ellos como esposos y a ellos como padres. En este sentido las mujeres destacan la necesidad de establecer límites claros entre ambos subsistemas lo que contribuirá a mantener la autonomía de cada uno, así como el adecuado desarrollo de las funciones y roles, de modo que problemas entre ellos no interfieran en la relación con los hijos(as). Aparece como código in vivo en el discurso de las mujeres tanto trabajadoras como no trabajadoras, la mutua influencia entre los subsistemas parental y conyugal. Entonces, una clara diferenciación entre los roles de esposos y padres, favorecerá una Buena Paternidad, de lo contrario se transforma en un obstaculizador.

Síntesis y discusión

A la luz de los resultados anteriormente expuestos es posible destacar los siguientes análisis: De acuerdo a Olavarría (2001) en Chile los procesos de globalización y cambios en la economía han potenciado las demandas de la modernidad en el espacio de la familia al cuestionar las bases de la familia nuclear patriarcal por ser inequitativas, no permiten la autonomía y la diversidad entre sus miembros, impiden relaciones de intimidad, igualdad y democracia familiar. Todo ello ha contribuido a que se inicie un proceso de desideologización de las relaciones entre hombres y mujeres tanto en sus identidades como en las relaciones de género con sus parejas e hijos. Según Montesinos (2007) estos cambios sociales y culturales han generado un conflicto entre la tradición y la modernidad, en específico en cuanto a la masculinidad reconoce que no se define plenamente una nueva identidad masculina pues la que representa una renuncia al estereotipo tradicional se encuentra en construcción. Ahora la modernidad supone la coexistencia de dos formas de reproducción e interacción social: una que representa el pasado y la otra naciente, las dos generando una contradicción y por tanto provocando situaciones de conflicto individual y colectivo. Respecto al tema de la paternidad entendida como “una de las formas sociales mediante las cuales se exterioriza la identidad masculina” (Montesinos, 2004), diversos estudios evidencian que también ha presentado cambios como consecuencia de estas trasformaciones culturales, es así que las mujeres entrevistadas declaran representaciones sociales en torno al rol paterno referidas al ser y al hacer, en este sentido el ser está relacionado con características o disposiciones más estables del padre en el ámbito afectivo, tales como: buen ánimo, alegre, receptivo, con espíritu positivo, no mañoso y preocupado e interesado por los hijos. En cuanto al hacer las mujeres refieren funciones o conductas que debería realizar el buen padre en tres áreas: cuidado de los hijos, participación en las labores domésticas y cumplir con la función de proveedor económico.

Las representaciones que presentan las mujeres coinciden con lo propuesto por Montesinos (2004) respecto al nuevo modelo de paternidad, “… que va surgiendo con referentes y características nuevas que proyectan un ejercicio de la paternidad basado en el respeto, el cariño y el afecto” (p.213).

En este sentido las mujeres demandan una paternidad en la cual el elemento afectivo tiene un lugar preponderante, lo que no es considerado en la figura paterna tradicional (Zicavo, 2006).

Este hallazgo es concordante con lo planteado por Gallardo, Gómez, Muñoz & Suárez (2006) quienes reconocen que la inclusión de la afectividad en la paternidad actual correspondería “… al eje central y causa en el actual proceso de transformación de la paternidad” (p.113).

No obstante de los hallazgos anteriores es posible señalar, que este referente de la nueva paternidad no excluye la existencia de algunas características propias del modelo tradicional de paternidad, ya que se mantiene la demanda en relación al rol de proveedor por una parte, y por otra la necesidad de que el padre ejerza la autoridad, pero ambas redefinidas a la luz de las transformaciones sociales. En el caso del rol de proveedor, si bien persiste, ya no es concebida como una función exclusiva del hombre, debido a la incorporación de la mujer al mundo laboral, lo que le permite también cumplir con esta función. En relación al ejercicio de la autoridad, las mujeres ya no demandan una autoridad paterna autoritaria, sino el ejercicio de un poder democrático, compartido con la pareja y basado en el respeto por los otros.

En relación al involucramiento del padre en el cuidado de los hijos(as), este implica acciones tales como el cuidado de los hijos(as), recreación, estudio y formación o guía valórica. En este sentido las mujeres refieren que esta participación del padre debiese darse como un proceso continuo; sin embargo reconocen que estos presentan un mayor involucramiento en las primeras etapas de vida de los hijos(as), lo que disminuye en la etapa escolar, debido a que ellas en general no demandan una mayor colaboración de los padres, ya que se sienten autosuficientes en el desempeño de su rol, sin embargo requieren de su ayuda en momentos difíciles como enfermedades y en especial en la etapa de la adolescencia, por la figura de autoridad que este representa, para regular la conducta de los hijos(as) (permisos, horarios, límites y normas).

Otro aspecto en el que se demanda la participación del padre tiene que ver con su colaboración en las tareas domésticas, si bien esto estuvo presente tanto en el grupo de las mujeres que trabajan remuneradamente como aquellas que no lo hacen, se evidencia en mayor medida en las mujeres que realizan un trabajo extra doméstico remunerado.

De acuerdo a lo anteriormente expuesto es posible argumentar que las mujeres tienen una representación ideal del padre cercana a lo que Zicavo (2010) define como el nuevo padre, el cual presenta dentro de su funcionalidad paternal “… la participación cooperativa en las tareas y labores surgidas del proceso de crianza, guarda y crecimiento de los hijos, así como la garantía del desarrollo pleno de sus potencialidades” (p.82), ya que su percepción del padre no se limita a su función de proveedor, sino que también estiman necesaria su participación en la crianza de los hijos(as) y labores domésticas.

No obstante en la práctica se aprecia que las mujeres continúan manteniendo las funciones tradicionales asignadas a sus roles como padres/madres, ya que en cuanto al tema de la crianza de los hijos(as) las demandas que le realizan al padre se circunscriben a momentos de crisis, o cuando se ven sobrepasadas por las exigencias de la crianza. Este argumento concuerda con los hallazgos de Torres et als (2008) en su estudio sobre la dinámica familiar en el cual, tanto los hombres como las mujeres entrevistadas asumen que las labores que el hombre desarrolla en la casa o en la crianza es de ayuda, ya que la encargada continúa siendo la mujer, inclusive en el caso de que estas trabajen remuneradamente; y por otra parte al varón se le reconocen como principales funciones paternas la de protector de la familia (40%), cuidador (45%) y el que apoya (5%).

Lo anterior se confirma además con el hallazgo de que las mujeres que trabajan remuneradamente son las que demandan con mayor énfasis la participación del padre en las labores domésticas.

En relación a los facilitadores y obstaculizadores que influyen en el ejercicio del rol paterno se destaca de acuerdo al discurso de las mujeres que existe una coincidencia en considerar que la cultura, la relación de pareja y la madre pueden constituirse en facilitadores u obstaculizadores dependiendo de cómo estos se presenten.

Al analizar la cultura la que es definida como “un conjunto de costumbres, principios, normas, hábitos, prácticas, formas de pensar, expectativas, conocimientos, etc., compartidos por una grupo de individuos y que se transmite de generación en generación” (Montesinos, 2007, p.17), se reconoce la influencia que esta tiene en los procesos de socialización, en los cuales se enseña a los individuos el rol asignado según su género. En este sentido se destaca que las mujeres refieren como obstaculizador el proceso de socialización machista de los padres, el cual les restringe la afectividad, refuerza su rol de proveedor y limita su participación en la crianza y labores domésticas, esto concordaría con los planteamientos de Marqués (en Valdés y Olavarría, 1997) en cuanto a que la sociedad patriarcal en su proceso de socialización le incentiva al varón la importancia de ser hombre, fomentándole ciertas posibilidades y amputándole otras, dentro de las que se encuentran “… que en general se les reprime la afectividad y el interés por lo íntimo y doméstico y se les fomenta todo aquello que sirva para convertirse en sujeto pleno y exitoso en la vida social” (Valdés y Olavarría, 1997, p.20). Este proceso de socialización machista influiría negativamente en el ejercicio de la paternidad.

Desde otra perspectiva, las mujeres también reconocen la cultura como un facilitador, ya que consideran que se han presentado cambios en el proceso de socialización que apuntan a una mayor equidad en los roles de género, nuevos referentes del ser hombre y ser mujer, así como la valorización de la mujer en los ámbitos públicos y privados.

Otro de los aspectos a considerar es que las mujeres se reconocen a sí mismas como uno de los factores intervinientes en el ejercicio de la paternidad. La mujer puede convertirse en un facilitador en la medida que promueve la participación del padre en la crianza, incentivándolo y favoreciendo la relación con el hijo/a. Esto concuerda con lo planteado por los propios padres en el estudio de Gallardo y otros (2006) en el sentido de reconocer que la paternidad es una experiencia compartida y aprendida junto a la madre, donde ésta se transforma en una facilitadora de espacios para el padre en su relación con el hijo(a).

Por otra parte la madre puede convertirse en un obstaculizador cuando limita la participación del padre, lo desautoriza y crea una imagen negativa de este frente a los hijos(as). Es por ello que podemos observar entonces que las prácticas de las mujeres no se condicen con el imaginario del rol del buen padre, porque no permiten que este desarrolle un rol activo en la crianza de los hijos(as) y no concientiza que la crianza de los hijos(as) es una tarea que debiese ser compartida por ambos padres. Esto podría ser entendido a la luz de los hallazgos de Valdés y Godoy (2008) en su estudio referido al lugar del padre en el contexto chileno, quienes plantean que las mujeres presentan resistencias a crear un lugar al padre, ya que aunque trabajen siendo remuneradas fuera del hogar, mantienen el control de lo doméstico y el monopolio de la crianza, y en el caso de delegarlo lo hacen a otra mujer (abuelas, tías, nanas, etc.). Ello evidencia que en las mujeres persisten algunos remanentes de la distribución tradicional de los roles de género, asumiendo que la crianza es una función propia de la mujer.

Por último las mujeres expresan que la relación de pareja también influye en el desempeño de los padres, destacando la necesidad de que exista una buena relación de pareja, límites claros entre el subsistema conyugal y parental, y acuerdos por parte de los padres respecto al estilo de crianza.

Además, dentro de la pareja es importante que exista una clara conciencia en ambos padres, en cuanto a ellos como esposos y padres. En este sentido Aylwin y Solar (2009) destacan la necesidad de establecer límites claros entre ambos subsistemas lo que contribuirá a mantener la autonomía de cada uno, así como el adecuado desarrollo de las funciones y roles, de modo que problemas entre los esposos no interfieran en la relación con los hijos(as). Aparece como código in vivo en el discurso de las mujeres tanto trabajadoras como no trabajadoras, la mutua influencia entre los subsistemas parental y conyugal. Entonces, una clara diferenciación entre los roles de esposos y padres, favorecerá una buena paternidad, de lo contrario se transformaría en un obstaculizador.

Es importante considerar que este planteamiento coincide con lo expresado por los propios varones, en el estudio de Gallardo y otros (2006) quienes reconocen que “… una relación de pareja buena y estable permitiría entre otras cosas, establecer con el hijo(a) un mayor compromiso, estar más presente y distribuir roles y tareas de manera compartida y equilibrada con la madre” (p.110).

Conclusiones

Conclusiones respecto a los objetivos del estudio:

En atención al objetivo general de la investigación “Describir las representaciones sociales de las mujeres entre veinticinco y cuarenta y cinco años de la ciudad de Talca respecto al rol del buen padre” y los hallazgos obtenidos se puede concluir:

1. Las representaciones sociales descritas por las mujeres están referidas al ser y el hacer del buen padre en este sentido el ser está relacionado con características o disposiciones más estables del padre en el ámbito afectivo, tales como: buen ánimo, alegre, receptivo, con espíritu positivo, no mañoso y preocupado e interesado por los hijos(as). En cuanto al hacer las mujeres refieren funciones o conductas que debería realizar el buen padre en tres áreas: cuidado de los hijos, participación en las labores domésticas y cumplir con la función de proveedor económico. En cuanto a esto es posible señalar que las representaciones sociales de las mujeres hacen referencia a características del padre contenidas en el nuevo modelo de paternidad propuesto por Olavarría, específicamente la incorporación de la afectividad, la participación en la crianza y las tareas domésticas y el ejercicio de una autoridad democrática. No obstante las prácticas cotidianas que estas relatan evidencian rasgos de la paternidad tradicional. Por lo que podemos inferir que en las representaciones sociales de las mujeres se evidencia una coexistencia de los modelos de paternidad, ya que si bien hay cambios en la figura del padre en el imaginario colectivo, estos no se plasman en igual medida en las rutinas cotidianas de las familias, encontrándonos en este período de transición.

2. Respecto a los facilitadores y obstaculizadores que influyen en el ejercicio del rol paterno se destaca una coincidencia en considerar que la cultura, la relación de pareja y la madre pueden constituirse en facilitadores u obstaculizadores dependiendo de cómo se presentan estos en la situación de cada familia.

Conclusión general

Los resultados de este proyecto son concordantes con los hallazgos de otros estudios realizados en Latinoamérica y en Chile, acerca de las transformaciones en la paternidad, puesto que se constata la coexistencia del modelo tradicional de la paternidad y la nueva paternidad (Olavarría, 2001). Desde el modelo tradicional, las mujeres destacan la figura del padre en el ejercicio de la autoridad y en su función como proveedor; por otra parte, desde la nueva paternidad emerge como elemento central la afectividad del padre en la relación sus hijos(as), y en menor medida está la demanda de las mujeres por una participación activa del padre en labores de cuidado cotidiano y colaboración en tareas domésticas.

Estos hallazgos, son importantes para confirmar que estos cambios en la paternidad no son solo en las grandes urbes, sino también es un fenómeno vivido en regiones, donde se supone que los cambios de la modernidad tardan más en manifestarse.

Propuestas de nuevas líneas de investigación:

Se sugiere continuar el trabajo de investigación en este campo tanto desde trabajo social como de psicología, con el fin de que se exploren temáticas específicas en la línea de la paternidad, que permita disponer de un cúmulo de conocimientos en el tema que incentiven la realización de publicaciones respecto a la paternidad chilena.

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