Hermes Villarreal Tique

Colombia

Resumen

En este trabajo se presentan avances de la investigación sobre: educación comunitaria, socialización política y acción colectiva: dispositivos de producción de subjetividad política en las organizaciones comunitarias. Investigación cuyo marco de referencia epistemológico es la psicología política-comunitaria latinoamericana, eje orientador en el análisis de las prácticas sociales y metodologías emergentes propias de las comunidades. Una de las temáticas a destacar es el conflicto por la autonomía y gobernanza del territorio asociado a las políticas públicas del Plan de Ordenamiento Territorial (POT). Fenómeno asociado al abuso indiscriminado de las poblaciones que se encuentran al “otro lado”, de la línea, o “frontera”(1) de la ciudad.

Los objetivos de investigación están orientados al análisis de los referentes socioculturales e históricos, las necesidades de formación sobre “conocimiento propio” (Cendales y otros, 2013), y de sujetos políticos. El tratamiento de la información se realiza mediante el método:

Análisis de contenido centrado en el nivel semántico, que se ocupa del material simbólico, sentidos de las palabras y el análisis de los temas o categorías. Finalmente se destaca que, tanto la acción política-social de origen comunitario causan tensiones en las estructuras sociales dominantes, que les impide regular los actores sociales y doblegar los procesos comunitarios; se constituyen nuevas formas de interpretar y comprender la cultura, se visibilizan las potencias comunitarias, se crean nuevos ejes cognitivos, conocimiento real situado, actitudes desideologizantes y se producen subjetividad política.

Palabras clave: educación comunitaria, subjetividad política, prácticas sociales, metodología.

 

Abstract

This paper presents research advances: Community education, political socialization and collective action: production devices political subjectivity in community organizations. Research which is epistemological framework-political psychology Latin American community, guiding principle in the analysis of social practices and emerging methodologies own communities. One of the themes to be highlighted is the conflict over territorial autonomy and governance policies associated with Land Use Plan (POT). Phenomena associated with the indiscriminate abuse of the populations that are the "other side" of the line, or "border" of the city. The research objectives are oriented to the analysis of cultural and historical references, training needs on "personal knowledge" (Veils, et al. 2013), and political subjects. The data processing is performed by the method: content analysis focused on the semantic level, which covers material symbolic meanings of the words and analyzing the themes or categories. We stress that both political and social action of community origin cause tensions in the dominant social structures, which prevents them regularly break the social and community processes, will provide new ways of interpreting and understanding the culture, become visible powers Community creates new cognitive axes, situated real knowledge, attitudes occur de-ideologycal and political subjectivity.

Keywords: community education, political subjectivity, social practices, methodology.

Introducción

La presente investigación está orientada a dar cuenta de los referentes socioculturales que, nutren los procesos de educación comunitaria, y sus elementos constitutivos como las prácticas sociales y la socialización política como dispositivos de producción de subjetividad política. De la misma manera, se expone como resultado de la sistematización que se llevó a cabo sobre las prácticas sociales, la importancia de los procesos organizativos comunitarios, como dinamizadores de procesos sociales y de las tensiones entre lo institucional y lo instituyente. Circunstancia de la que derivan una serie de problemáticas sociales y luchas populares. En consecuencia, la acción política popular se manifiesta como experiencia que centra los esfuerzos de las comunidades al reclamo por, el respeto a los derechos sociales, dando lugar a la emergencia de sujetos políticos. En este sentido, es importante inscribirse en la tarea de cartografiar los vínculos entre ejes cognitivos y la acción política, los sentidos, las voluntades, los deseos, las demandas sociales y la espiritualidad, que dan cuerpo, a nuevas epistemes y se constituyen comunidades de aprendizaje. Esto es, el esfuerzo comprensivo va más allá de lo fenoménico, trascendiendo las lógicas de la racionalidad instrumental para visibilizar el potencial instituyente comunitario.

El artículo consta de tres partes: inicialmente Se destacan las características del contexto de la educación comunitaria y sus vínculos con la socialización política. Asimismo, en la segunda parte se exponen los mecanismos de producción de subjetividad política en el contexto de las organizaciones comunitarias. Seguido, se abordan las prácticas sociales y se presenta sucintamente, la metodología emergente denominada ISAT, como estrategia para la comprensión de los cambios socioculturales en los actores sociales. Finalmente, se presentan las conclusiones a partir de un análisis general, desde una perspectiva latinoamericana de la psicología política.

Los antecedentes

Las comunidades como escenarios de educación comunitaria con las cuales de desarrolla este trabajo, tienen unas características particulares en su modo de vida y como movimiento. Este trabajo se realiza con dos organizaciones comunitarias de base popular, de reconocida trayectoria: Agrópolis Constelar Campesina (2) y CORVIF (3). La primera con procesos en la localidad de Usme al sur de la ciudad, desarrollando trabajos en el sector urbano-rural o “borde”; y la segunda, en el sur-occidente de la ciudad con una importante presencia en el territorio, desarrollando trabajo en torno a la subcuenca del río Fucha. Son organizaciones con experiencia en el trabajo social, ambiental, cultural, político y territorial. Ambas organizaciones se encuentra en la ciudad de Bogotá (ver anexo con imagen).

El problema. Uno de los aspectos importantes a destacar es el conflicto por el territorio asociado a las políticas públicas del Plan de Ordenamiento Territorial (POT). Este conflicto por el territorio está asociado al abuso indiscriminado de las poblaciones que se encuentran al “otro lado”, de la línea, o “frontera”(4) de la ciudad. Esto en razón a que, en el diseño de los planes de desarrollo local tienden a la metropolización (expansión urbana) en los “límites” de la ciudad sin contemplar los derechos de comunidades, la historia y cultura local urbano-rural, ni la afectación de los ecosistemas.

De esta manera se genera la segregación social de comunidades, no son tenidas en cuenta para la toma de decisiones sobre los cambios que reconfiguran el territorio producto de la expansión urbana. Pues, a través de la denominada “línea” “frontera” u “otro lado”, se fijan los límites de la ciudad de manera arbitraria guiada por intereses puramente económicos. A pesar de que son disposiciones del gobierno estatal, no son bien aceptadas por los pobladores, a falta de coherencia institucional respecto a equidad y justicia social; la determinación de las líneas son borrosas e inconsistentes, que van en detrimento de las condiciones de vida de los pobladores, desde la ascendencia histórica en el territorio –en cuanto borra la memoria y cultura de las prácticas ancestrales–, hasta quienes hoy lo ocupan siendo víctimas por el desplazamiento interno de la ciudad por parte de las empresas privadas.

Otro aspecto ligado a lo anterior, es la negación al derecho a la ciudad de los pobladores urbano-rurales, pues la metropolización o expansión urbana los excluye, conllevando a profundos perjuicios para las comunidades de estos sectores. La expansión urbana se ha tomado espacios de bosques nativos en la ciudad para construir vivienda de interés social. En síntesis, el conflicto se presenta por la tensión entre ciudad-ruralidad, en disputa por el territorio. El derecho a la gobernanza del territorio.

El ámbito de reflexión de este trabajo lo constituyen las comunidades por ser este el escenario de diálogo directo con las experiencias y que contemplan en su seno acciones desde la educación comunitaria. Este trabajo se abordó, a través de la metodología denominada en Latinoamérica, sistematización de experiencias. La sistematización es una metodología que, además de conocer, permite comprender lo que hacemos, y ofrece la oportunidad de generar conocimientos sobre el trabajo que se realiza. De tal forma que, si conocemos y comprendemos el proceso, podremos construir nuevos conocimientos a través de la recuperación consciente de experiencias anteriores. Con esto, es claro que a toda sistematización le antecede una práctica (Martinic, 2004). Así pues, sistematizamos porque nos interesa conocer, comprender y aprender de la experiencia con la posibilidad de mejorar, enriquecer y optimizar los esfuerzos de nuestras prácticas.

La comunidad es una institución social que para algunos pueden ser inexistente y utópica, sin embargo, se constituyen en importantes movimientos con un vasto mundo de experiencias y conocimientos aún por explorar, con mucho que enseñar y compartir a los académicos. Son el mundo inagotado e inacabado de la cotidianidad o mundo de la vida, en una continua y discontinua dialéctica entre: lo dado y lo dándose. Algunas comunidades se visibilizan mediante procesos organizativos con trabajo de base, con un importante papel en la toma de decisiones frente a una circunstancia determinada en la que deben asumir actitudes políticas para defender su territorio. Un elemento fundamental, a destacar, es el nivel de participación política, incidiendo en los procesos y dinámicas sociales relacionadas con y hacia los intereses comunitarios.

Los múltiples impactos ocasionados por la exacerbación de la explotación de recursos naturales hacen surgir nuevas formas de participación, asociación y, de ver el territorio. El punto de inflexión no está puesto en el cambio de mirada sobre el territorio, más allá del paisaje, sino que se conjugan diversos intereses: políticos y sobre todo, económicos, por quienes ven el territorio como una res extensa, objeto de sustraer todo tipo de riqueza hasta agotar existencias, sin sopesar las consecuencias. Hoy día se vive la inminente amenaza de ser desplazado o desarraigado del terruño, lugar de esperanzas, sueños y recuerdos de infancia; se vive el temor de ver derruido su ambiente natural, a cambio de un paisaje uniforme, artificial, austero, vaciado de los sentidos; espacios que aíslan de los otros, espacios sórdidos, silenciosos y desconfiados. Fenómenos que invitan a reflexionar sobre los vínculos comunitarios.

Esta amenaza captadora de memoria histórica no solo ronda en el centro, lo hace con más ansias en la periferia o borde de las ciudades, allí donde se funde la frontera entre ciudad y campo. Es el borde de ambos lados, no pertenece ni allá, ni acá; por tanto, el borde, está lleno de sentidos, de imágenes, de relaciones; es el escenario creado, autopoiético, entretejido y construido por manos terrenales impregnadas de historias. Por ende, se convierte en el escenario de lucha, entre las comunidades y lo institucional. Los primeros abogan por su cultura e historia, mientras los segundos, por el usufructo del suelo.

Resurge entonces con ahínco la idea de volver a los vínculos comunitarios, que recrean, la existencia, los valores y utopías deviniendo en acciones concretas en defensa del territorio, la comunidad con este tipo de características propias no son homogéneas, son difícil de relativizar; tienen potencia emancipadora y no caen en el dominio de conceptualizaciones uniformes, están alejadas de conceptualizaciones europeas, llenas de escepticismo hacia la comunidad como experiencias y formas alternativas de convivencia. Estas posturas de desencanto contemporáneo se ubican, en menor escepticismo, en paradigmas como el de la modernización reflexiva con Scott Lash y la perspectiva posmoderna con Michel Mafessoli. Autores que tienen cierto reparo frente a la comunidad, sin embargo, comparten miradas críticas con diferentes enfoques, planteando con ello los cambios en los fenómenos comunitarios actuales. Igualmente, coinciden en reconocer el potencial emancipador de algunos modos de estar juntos, sean como “comunidades reflexivas” o como “comunidades emocionales” (Torres, 2013).

Es importante destacar en estos autores la crítica a las formas de dominación de la sociedad moderna, con Mafessoli por una parte, y por otra, la reivindicación de la creatividad y la imaginación propias de la vida cotidiana con Lash (Torres, 2013). Desde estas perspectivas se elaboran utopías y nuevas visiones de la vida como: el tiempo de las tribus, que “Mafessoli inaugura una nueva perspectiva interpretativa para la investigación social, a su juicio posmoderna, bajo la noción neotribalismo (Torres, 2013, 112). A partir de ahí, se plantean otro tipo de lecturas sobre estas culturas, que se apartan de la visión moderna. Lo cierto es que, estamos frente a nuevas formas de relaciones y convivencias comunes propias de las sociedades actuales.

Con los anteriores aportes se amplía la noción de comunidad, con la incorporación de metodologías no convencionales dirigidas a la experiencia vital, en oposición al canon del conocimiento establecido –abstracto y estructural–. Se destacan, los vínculos de sociabilidad, lo informal de la vida como referentes.

Estos aportes son aristas que vienen de lo institucional, de la imaginación, de la visión, son formas de sentir, actuar, compartir o experimentar en común que corresponden a lo que algunos han denominado paradigma estético, en el sentido de sentir (Mafessoli, 1990, citado en Torres, 2013, 114).

Estos cambios en las denominaciones conceptuales de la comunidad abre la discusión sobre las grandes limitaciones en el pensamiento moderno, para dar cuenta de las experiencias comunitarias. De la necesidad de recurrir a distintas formas interpretativas para abordarlas en su especificidad y potencialidad (Torres: 2013). Las dificultades planteadas por Lash y Mafessoli sobre la comunidad, se sustentan en la persistencia que se mantuvo en la modernidad que estaba estrechamente relacionada o ligada a la idea, de agrupaciones humanas unidas por rasgos o propiedades “comunes”: territorio, identidad, intereses o destino.

Haciendo un giro en la comprensión lingüística-conceptual y continental, y puestos de pie en el horizonte latinoamericano, la manera como se expresa la comunidad, dista, de la visión intelectualizada europeísta. En Latinoamérica se resquebrajan las objetivaciones universalistas, pues la comunidad en la práctica no se relaciona solo con nociones concebidas intelectualmente, sino con arraigo territorial, cultural y espiritual. En un doble papel: como modo de vida y como movimiento. En este sentido ya no interesa el reconocimiento conceptual por parte del pensamiento contemporáneo, importa, lo que se pone en juego en América Latina en relación con la comunidad desde los movimientos sociales y desde los intelectuales orgánicos que la reivindican como modo de vida que se resiste, se opone y se propone frente a la hegemonía del capital. Se resalta a modo de ejemplo, los procesos asociativos, las luchas campesinas e indígenas, los movimientos sociales de la región y las organizaciones comunitarias de base popular, que son nuestro sujeto de reflexión en este artículo como educador popular.

Educación comunitaria, procesos de socialización política y la acción colectiva

La intención en este apartado, no es debatir ahora la base epistemológica de la educación comunitaria, en cuanto a su procedencia y fundamentación epistémica. Es reconocer la existencia de otras formas de aprender, enseñar y recrear los conocimientos adscritos en una comunidad de aprendizaje. No obstante, se reconoce la influencia de la educación popular, como base para su desarrollo, la apropiación del conocimiento y el reconocimiento de las diferentes cosmovisiones. El ámbito de la educación son escenarios no tradicionales, sino entretejidos con diversos saberes abiertos y dialógicos. La comunidad de aprendizaje, no son en sí, los sujetos, sino el contenido relacional de los conocimientos, las experiencias y las prácticas socioculturales. Se caracterizan por el mutuo aprendizaje; se aprende mientras se enseña, y se aprende a enseñar en contexto. Los argumentos los constituyen las experiencias compartidas del mundo de la vida, la historia compartida.

Conceptualizar sobre educación comunitaria implica recoger categorías de la educación popular como las metodologías dialógicas, la emancipación y la concienciación (Freire, 2005). La comunidad de aprendizaje debe ser entendida como un proceso con interacciones dinámicas mediadas por la memoria histórica y la cultura locales. El aprendizaje en la educación comunitaria no es unidireccional, los conocimientos se transversalizan, no están determinados o limitados teórica, conceptual y epistémica. No se trata de idealizar la comunidad a modo de la paídeia griega. En lo absoluto, se trata más bien, de descentrar la idea de dependencia y proponer, la idea de autonomía cultural, que de acuerdo con Castoriadis:

… la autonomía no es un estado acabado, sino un proceso activo de reflexión con nuestro imaginario para no quedar enajenados de él, pero tampoco sin anular su potencial creador. En un mismo movimiento, la autonomía exige lucidez crítica y función imaginaria, creadora. La articulación entre la autonomía individual y la colectiva evidencia un fluido entramado de procesos síquicos y socioculturales no determinados a priori y que posibilitan el movimiento permanente y creador de la vida social (p. 57).

Decidir qué, cómo y para qué aprender, es hacerse sujeto autónomo, hace rupturas sobre lo establecido y rígido del pensamiento y la acción, cuestión que da originalidad a la existencia; esto colinda con asumir una posición propia, dar sentido y comprensión a la noción de cultura, entendida como el conjunto de conocimientos, pensamientos, saberes, cosmovisiones, tradiciones, costumbres, valores, estéticas, prácticas, y formas de organización que se construyen y adquieren los sujetos en interrelaciones dinámicas en el marco de una sociedad, que les permite a los sujetos decidir.

La educación comunitaria tiene principios políticos como la organización social y la autogestión. Esto se traduce de la siguiente manera: por una parte, los sujetos insertos en un proceso organizativo de base comunitaria, organizan mediante cartografías de conocimientos, sus saberes, acciones y temáticas que, en su momento histórico deben abordarse para establecer topos de negociación y discusión. No es un asunto meramente fenoménico, improvisado, se trata de asegurar la participación en los procesos locales. Por otra, es un proceso educativo autogestionado, que implica lo siguiente: definir los ámbitos (conocimientos) educativos y los escenarios pedagógicos (temas de discusión).

El escenario en este contexto, no es el lugar físico de la práctica, es lo que da lugar a la discusión, es la dialectización del y sobre, deconstrucción, elaboración y re-elaboración del conflicto para hacerlo inteligible políticamente; es decir, el escenario es el sentido del encuentro para el diálogo con los otros; la alteridad, que deviene en subjetividad en relación con otro. El escenario se configura como campo de batalla: político, ideológico, económico, cultural. Espacio de reconocimiento mutuo, con la posibilidad de recrear y resignificar en lenguajes y estéticas, discursos sobre: realidad, historia, relaciones, experiencias y subjetividades. De ahí que los escenarios pedagógicos no son estáticos, sino, dinámicos, flexibles y fluidos. En síntesis el escenario es una construcción colectiva a través del pensamiento social. Por su parte, el ámbito es, el contenido y significado discursivo del escenario, donde se ponen a prueba las ideas, se reconocen, legitiman o deslegitiman los discursos, las prácticas, se abordan realidades y se proponen las intencionalidades. 

El ámbito y el escenario se constituyen de acuerdo a la circunstancia, donde se planifica la acción vinculada a un momento histórico. Entonces, no es por mera coincidencia o curiosidad que una persona manifieste un interés hacía una determinada organización, porque busca vincularse a saberes específicos, bien sea para desafiar, debatir, aportar a esos saberes, o encarrilarse en un proceso que le brinde oportunidades de pertenecer a un grupo y crear identidad social. Este escenario es constructivo, generativo, y se aporta, con y desde las comunidades de aprendizaje.

Distinto es la persona que se junta con dos o tres amigos o familiares para constituir una ONG, haciendo de esta, en lo posible, su proyecto de vida, con fines solidarios y con modestos intereses económicos.(5) En tanto, la organización comunitaria de base popular, tiene un interés político-social: invitar y organizar con sus vecinos, conocidos y amigos con intereses comunes, realizar tareas propias de su localidad, promover la autonomía y proteger como en el caso de CORVIF, el medio ambiente (rondas, cuencas y bosques). Estas son acciones de carácter político. Proceso que no se adscribe a partidos políticos, ideologías, ni a instituciones estatales. Actitud que es fruto de experiencias anteriores, sabiendo que, vincularse a ellas, es perder autonomía y credibilidad en la lucha política.

La génesis de las organizaciones tienen motivaciones muy distintas; sin desconocer que ambas sirven a la comunidad, pero diferente. La organización de base popular, lo hace por convicción política; la otra en cambio, además de proyecto de vida, si acaso, oferta opciones de empleo (auto y subempleo) de corta duración, no garantiza empleabilidad ni seguridad social. Asimismo, hoy pululan comunidades y redes muy de moda en internet. Estas se equiparán, sin ningún reparo con las comunidades de base popular, quizá por el afán de subalternizarlos elementos simbólicos de la cultura e historia que han unido por millones de años a los seres humanos, cosa que lo virtual jamás podrá superar así como, la experiencia empírica vital; aunque para pretenderlo se diseñan, previamente toda una serie de dispositivos para hacer creer que es real, haciendo solo del ser humano, una terminal nerviosa sujeta a un ordenador, a lo que se vuelve inmune en poco tiempo, pero ya habrá otro más sofisticado según el momento.

Ahora, respecto a las dinámicas pedagógicas de la educación comunitaria, estas se caracterizan por ser dialógicas, continuas y discontinuas. La dinámica socializadora del conocimiento no es trasmitirse, ni se reduce a segmentos, tampoco es paramétrico. Su lógica es, siempre actualizado para responder a las necesidades del contexto. Esto es, se ubica en un escenario y un ámbito de conocimiento en circunstancias problematizadoras. De ahí un aprendizaje basado en experiencias-problémicas, que incluye a su vez, el conocimiento académico formal. No se pretende desconocer el conocimiento hipotético-deductivo, ni histórico hermenéutico de las ciencias tradicionales. En las comunidades existen personas con formación tradicional que intercambia este tipo de conocimientos.

Conocer la realidad, conocer lo propio, saber el por qué de las cosas, visualizar alternativas, contar con recursos propios, es fundamental para la convivencia comunitaria. Las comunidades saben de sus necesidades, conocen mejor sus problemas y saben cómo combatirlos; otra cosa, es la norma que, en ocasiones restringe el desarrollo de procesos autónomos por parte de las comunidades: la norma menoscaba el potencial comunitario porque no concibe su saber en términos científicos. Sin embargo, todo este entramado de situaciones sirve de reflexión y posibilita la expansión de la subjetividad. En esto hay una afectación de la subjetividad en cuanto, a la necesidad de reconocimiento social y moral, como sujetos de saber popular, lo cual lleva a esforzarse por conocer, comprender e interpretar, con métodos alternativos, que posibilitan nuevas construcciones, ver diferente las realidades a través de las representaciones, la emoción, los sentimientos, nuevas concepciones sobre la convivencia que amplían la conciencia humana.

Las relaciones intersubjetivas se enriquecen en la medida en que se plantean retos en la vida cotidiana, en la medida en que, se potencian las capacidades. Subjetividad potenciadora que demarca líneas, crea espacios de interlocución, es abierta y dinámica, mediante la vivencia de la experiencia empírica crea nuevas narrativas, cargadas de elementos simbólicos que recuperan nuevos sentidos de la cultura. A diferencia de una subjetividad escolarizada, cognitivista y funcionalista, que se centra en el sujeto individual, no da cuenta de sus propios límites de conocimiento, ni de horizontes los que se deberían prever tempranamente para liberarse de expectativas y esperanzas engañosas, creadas por otros.

Subjetividades políticas

En los temas mencionados hasta este momento, se abordan elementos constitutivos de la subjetividad social: comunidad, educación comunitaria, socialización política, acción política, comunidades de aprendizaje, procesos organizativos, concienciación, metodologías, autonomía, temas atinentes a la psicología política comunitaria latinoamericana. En este sentido se expone la forma en cómo la subjetividad política se estructura y estructura las relaciones y prácticas sociales. La subjetividad como tal, se constituye en aspecto esencial de lo humano a tener en cuenta para comprender los cambios sociales y culturales, y las configuraciones de la acción política.

No hace mucho tiempo que hablar de subjetividad era considerado como algo innecesario, que no tenía cabida en el campo de la ciencia, llena de asepsia, pura y sería, pues era considerada un tema puramente especulativo y sin ningún valor. Ahora sabemos que toda creación de la ciencia, como teorías, métodos, análisis no escapa de la subjetividad, sin pretender reducirla al subjetivismo. Fried (citado en Torres, 2008):

Participando en las matrices sociales (que incluyen la ciencia y las culturas de las que formamos parte) adquirimos formas de comprender y participar, metáforas y parámetros, ejes cognitivos y destrezas específicas. La subjetividad y las relaciones sociales se organizan en el trazado de esas metáforas, de esos horizontes que generan presuposiciones y expectativas, configurando creencias, epistemologías cotidianas y visiones de futuro (p. 16).

Este planteamiento nos sugiere que la subjetividad es un campo problémico, precisa de la investigación desde diversos campos disciplinares. Igualmente, la subjetividad no es reducible al subjetivismo, ni al individualismo, la subjetividad como campo problémico, es un lugar desde donde podemos pensar la cultura, la historia, las estructuras sociales, las relaciones y construcciones simbólicas más allá del lenguaje lingüístico. De ahí que definir la subjetividad, evoca una problematización del concepto, puesto que cada disciplina parte de un enfoque, en particular.

Lo cierto es, que cuando nos referimos a la subjetividad, hacemos alusión a un conjunto de procesos de producción de sentidos, significados que configuran multiplicidades de lenguajes y estéticas en relación con otros, estableciendo instancias de entendimiento para interactuar y relacionarse de múltiples formas, a través de intercambios de posibilidades de convivencia. Asimismo, la subjetividad es cosmovisión, esta minada de imaginarios, representaciones, valores, creencias, emociones desde las cuales se construyen diversas realidades.

Como se viene planteando, la subjetividad a la vez que se estructura, es estructurante, no está determinada, está siempre dándose por su carácter indeterminado, cumple múltiples funciones en los sujetos y los colectivos. Interpreta, tiene carácter vinculante, identitario, relacional, de-construye y crea posibilidades de futuro. En síntesis la subjetividad es histórica, cultural, social, política, es en buena medida instituyente. En este sentido:

No puede entenderse como un campo definido en términos de sus manifestaciones, ya sean con­ductuales, de expectativas o perceptivas, sino de modo más profundo, desde su misma dinámica constitutiva y constituyente: ello nos remite a campos de realidad más amplios (Zemelman, 1996, p. 104).

Los contextos de la educación comunitaria crean escenarios con posibilidades para la construcción de la subjetividad política, en tanto, los procesos que desarrollan de carácter colectivos como: mesas de diálogos, procesos interculturales, foros, seminarios, asambleas populares, comisiones, mesas de trabajo para deliberar temas político, permiten configurar y articular códigos de significados culturales, y construir sentidos sobre una situación particular. Igualmente, se refiere, como un proceso de dotar de sentido a situaciones compartidas a partir de la movilización de códigos que pueden provenir de diferentes campos (cognitivo, emotivo, ético, estético).

En este sentido la subjetividad que se configura mediante la articulación y con diferentes significados y sentidos, se autoinstituye como posibilidad para establecer distinciones, reflexionar sobre situaciones particulares y dotarse de elementos de lo cultural, social y político para ejercer presión o resistencia frente a las estructuras sociales instituyentes, así como, la capacidad de hacer ejercicios frente a la inequidad y reclamos a la institucionalidad de manera legítima. Es así que, mediante un proceso que articula sentidos colectivos que involucra la construcción de un sujeto social, que busca superar las dificultades se vincula en la producción de identidades colectivas, demandas sociales y proyectos históricos, formas de acción colectiva, etc.

Elementos de las subjetividades políticas

La subjetividad se instituye a través de dispositivos de acción de la educación comunitaria y los procesos organizativos, con prácticas socioculturales definidas, reflexionadas, no son reiterativas, ni circulares; las organizaciones comprenden la necesidad de reflexionar sobre estas. Esto da lugar a la creación de subjetividades colectivas. Podríamos decir que, surge del tránsito de las prácticas conformistas a otras que se rebelan contra la deshumanización y la explotación. Se oponen a prácticas autoritarias, priorizan la organización del trabajo, toma de decisiones en colectivo, negociaciones políticas, comerciales, legales y luchan por su trabajo, que es una lucha política en donde se reconocen y son reconocidos.

Contexto de emergencia del sujeto político

Lo político, lo determina en parte el potencial instituyente, como un ámbito o instancia de apertura a nuevas posibilidades y expectativas de futuro, que cuestiona el orden social instituido y propone nuevas prácticas de acción con opciones políticas de participación y decisión para transformar la realidad:

Es decir, la subjetividad social constituyente consiste en una determinada articulación de tiempos y espacios, que es histórico-cultural por cuanto alude a la creación de necesidades específicas en momentos y lugares diversos (Zemelman, 1996, p. 24).

El escenario se constituye, entonces, en el terreno de la relación en sujetos sociales, de subjetividades políticas y orden social, en especial para comprender el paso de la subordinación, al antagonismo, mediado por las demandas sociales. En este caso, la demanda social sobre el derecho al territorio, según Laclau (citado en Retamozo, 2009), puede ser entendida al menos en dos acepciones: como petición y como reclamo. La petición se asemeja a la solicitud que alguien elabora sobre un asunto hacia la autoridad que considera competente … .

Pero además (Retamozo, 2009), plantea que es necesario ubicar la demanda en un tercer registro, esta vez en clave filosófica, como el espacio propio de la lucha por el reconocimiento. En este sentido, la demanda está orienta hacia los otros, hacia su reconocimiento, interpelando de alguna manera a la alteridad. Remite una solicitud hacia otro, en este caso al sistema político para referir un pedido o reclamo.

En este contexto, se considera que las demandas sociales, tienen gran incidencia en la configuración de escenarios, actores, identidades y sujetos políticos.

Subjetividad emancipatoria y sujeto de político

Mediante la disputa situada en un contexto concreto, lo histórico, la utopía, la memoria y la experiencia, los actores plantean rupturas, a saber:

  • Con esquemas de “subordinación” en situaciones instituidas social y políticamente, sobre los cuales ejercen resistencia. En este contexto emergen demandas sociales, configurándose la demanda como medio entre la estructura de subordinación y la construcción de posibles antagonismos.
  • El antagonismo surge en la identificación de una situación crítica en el seno del orden social, considerada injusta o indeseable y presentada en el espacio público como una demanda insatisfecha. En este caso la educación.
  • Propone acciones de resistencia frente a estructuras de relaciones sociales instituyentes.
  • Abre fisuras hacia lo político con el propósito de reconfigurar el orden social.

Asimismo, el conocimiento emancipatorio se constituye con dimensiones simbólicas, culturales y políticas como:

  • Solidaridad como eje articulador de las acciones y luchas.
  • En el territorio, cambio en las relaciones.
  • Espacio de conmemoración y lucha.
  • Reconocimiento del apoyo del barrio.
  • Humanización del trabajo.

Esto es, las estrategias de lucha que se proponen se basan en ejercicios de presión social como la acción colectiva a través de la identificación política y la cultural como mecanismos de producción de identidad social.

Tenemos entonces que, la educación comunitaria tiene un carácter:

  • Político y anticapitalista a partir de aprendizajes cooperativos basados en la historia, la cultura y la política.
  • Lo comunitario es colectivo con nuevas formas de sociabilidad solidaria en oposición, formas individualistas y situaciones de injusticia.
  • Propone estrategias organizativas, la autogestión situada en el territorio como escenario aprendizaje.
  • Construye utopías a través de opciones formativas y con prácticas educativas de autogestión con proyectos colectivos y participativos de abajo hacia arriba.
  • Configuración de nuevas subjetividades (sujeto político) con el propósito de transformar la realidad social.

No obstante, la falta de procesos de socialización reduce el sentido de pertenencia y la identificación objetiva hacia y con las mismas comunidades y procesos organizativos. Ahora, sí partimos de la idea general respecto al papel de la psicología política como: generar procesos de formación política para, comprender no solo la función de las estructuras sociales y fenómenos políticos, en relación con los procesos psíquicos y los derechos humanos, sino también, investigar los mecanismos que inciden en la ruptura de esquemas cognitivos, lingüísticos y del comportamiento social en los sujetos políticos. Así, cómo la necesidad de desinhibir el pensamiento social y culturalmente condicionado, al desarrollo de una actitud crítica, sobre el pensamiento y conocimiento hegemónico funcionalista para movilizar subjetividades críticas, se potenciaría las subjetividades políticas.

Los actores sociales

El lugar y la memoria en los actores

En el contexto de la ciudad, de los juegos, laberintos, símbolos e incertidumbre. Es en el enigma, para el caso de las comunidades, el borde, lo urbano rural de la ciudad de Bogotá, el lugar y la memoria. La existencia toma cuerpo y se representa en las cuencas de los ríos Tunjuelito y Fucha proveedoras de agua y franja amortizadora del páramo Zumapaz(6) y las colinas de San Cristóbal al oriente. Las subcuencas del ríos Fucha y del río Tunjuelito se constituyen como un territorio de actividades campesinas, provisto de recursos hídricos, forestales; territorio apto para la producción agraria, materiales pétricos (arenas, gravas, recebos, arcillas, caolines) para la construcción arquitectónica. Riqueza material y cultural que paradójicamente representa hoy en día, una amenaza para los lugareños, luego que el territorio se convirtió en un escenario de grandes negocios de la gran minería, expansión del botadero de basura Doña Juana,(7) la construcción de infraestructuras inoperantes como la represa seca de cantarana,(8) construcción de cementerios y operaciones estratégicas de expansión Urbana Nuevo Usme(9) (UNU). Y, escenario de construcción y ampliación de la Cárcel Picota de Bogotá. Contexto crítico de la conciencia perversa que capta las relaciones cotidianas e instituye relaciones de poder y sujeción.

Las prácticas sociales: la experiencia en la búsqueda de nuevos caminos:

“pensar la ciudad en lo colectivo, pensar los sujetos en relaciones, pensar la diversidad como un modo de vida”.(10)

Como una propuesta colectiva de articular el campo y la ciudad hace más de diez años, se busca implementar una metodología propia de Interpretación Social y Apropiación Territorial –ISAT–, y acompañamiento dinámico de acciones colectivas. No entendida como una ironía, sino con la capacidad de comprender lo vivido, lo realizado y hacer viva el origen, la memoria; hacer camino en la existencia de un conocimiento y acciones transformadoras de conciencias sociales, prácticas en la acción y reducir los impactos negativos en el territorio. De allí surge, La Agrópolis, como una propuesta integradora, que va más allá de las totalidades, es universal que representa el modelo constelar, como una metáfora que convoca, une caminos y se propone armonizar las relaciones campo-ciudad. Que representa lo universal del pensamiento y la existencia misma tanto del sujeto campesino como ciudadano de derechos.

Los anteriores elementos simbólicos y culturales hacen de las prácticas socioculturales objeto de reflexión por parte de las comunidades, se decanta en sus contenidos, se resignifican dirigiendo su potencial a concreciones específicas, sin ambages, debe ser una práctica política; práctica social transformadora, tal como lo refiere un actor del proceso:

Lo que hacemos nosotros, es claro, constituir alianzas con la academia, la organizaciones comunitarias, empresariales, desarrollamos procesos de políticas públicas donde abordamos temas sobre: humedales, ruralidad, residuos sólidos, participación e impulsando la política de campesinidad. Hacemos redes tripartitas. Así nos conocen, a eso no dedicamos (entrevista, Pablo Moreno, agente comunitario. 2012).

La práctica social reflexionada conlleva realizar cambios sustanciales en tanto, se comprende que los agentes comunitarios no deben luchar solos, y convoca a otros actores institucionales como universidades, organizaciones y se conforman las Comunidades de Conocimiento en Redes Tripartita (productivo, académico-comunitario) –es lo que denominan La Agrópolis y las agropoliredes de conocimiento– tienen que ver con las múltiples redes. La experiencia como un espacio de reflexión para la academia (estudiantes, profesores, investigadores), que también aprenden a través de relaciones dialógicas con los procesos organizativos y las comunidades.

Estas prácticas socioculturales tienen un componente ético-político que, mediante acciones recíprocas, se reconoce al otro, podríamos sugerir desde la perspectiva dusseliana, ética de la alteridad, una ética que va más allá de la totalidad, donde el sujeto reconoce su finitud, las diferencias, la diversidad cultural y étnica. De un sujeto comprometido no solo consigo mismo, sino con el otro, donde ese Otro, en nuestro planeta, la vida y la misma existencia universal (Dussel, 1998).

A partir de estas ideas se proponen acciones concretas como la educación comunitaria, pedagogías para la vida, la formación ecopolítica como potencial para el desarrollo de nuevas conciencias sociales, justas y éticas.

Las metodologías en el contexto comunitario

Hace ya, más de una década, los procesos de gestión urbana, que pretendían la participación popular en el diseño de los Planes de Ordenamiento Territorial (POT), o la inclusión de variables ambientales en el desarrollo, presentaron grandes dificultades, por carencia de capacidades en el conocimiento y en la comprensión de los fenómenos naturales, ambientales y sociales que inciden estructuralmente en la reconfiguración social del territorio, en diversos sujetos sociales.

La participación como proceso social y cultural en la que convergen los diversos actores sociales no contaba con la presencia de las comunidades, las decisiones estaban siempre en manos del estado o de algunos sectores privados (aún persisten). De esta manera la definición de los parámetros de urbanización o transformaciones estructurales del territorio se encontraba supeditada a los intereses, a las decisiones de quienes estaban en el gobierno de turno, de tal suerte que, se vieron afectadas grandes extensiones de tierra por el fenómeno de metropolización, incluyendo su potencial productivo.

Esta falta de apropiación limitó la participación comunitaria a la búsqueda de satisfacciones de las necesidades básicas, sin que en ello mediara ninguna capacidad de actuación consciente en el desarrollo urbano. Desde esta perspectiva las comunidades adolecieron de mecanismos para la apropiación del territorio, por la falta de capacidades para leer e interpretar las realidades sociales como, los fenómenos estructurales que se presentaban, de la manera en cómo la ciudad se expandía, la afectación del ambiente natural por el desarrollo de la infraestructura vial, las urbanizaciones que empezaron a cambiar drásticamente el panorama con la alteración y en detrimentos de atributos naturales como quebradas, ríos, áreas agrícolas o forestales, humedales, que no estaban en las demandas, ni en los procesos de negociación de las comunidades, salvo en aquellas circunstancias en que se advertía una noción de riesgo.

Por otra parte, las organizaciones comunitarias, se desgastaban en acciones sociales, muchas veces estériles por la falta de una noción articuladora de los procesos de desarrollo. Mientras tanto, el sector privado formal e informal logró enriquecerse con la apropiación y engorde de los mejores suelos (canteras y areneras para fabricar ladrillo). De esta manera aún se vienen usufructuando los recursos minerales y vegetales, por supuesto, a costa de los logros urbanizadores.

Un tiempo después del logro de la inclusión de variables ambientales, el territorio empieza a ser considerado en los procesos de participación social urbana como un elemento que debe ser tenido en cuenta para planificar el desarrollo. De los largos listados de necesidades sin resolver y de inversiones aplazadas se empieza hoy a dar el viraje para considerar aspectos territoriales, ambientales, y estructurales. Ejes problemáticos como el espacio público, las micro cuencas, las alteraciones e impactos ambientales de los procesos productivos, la afectación de ecosistemas estratégicos, empiezan a estar en las agendas de inversión local, ligados a procesos de sensibilización, investigación y organización.

Pero el logro de este tipo de mirada que permitía a los ciudadanos, a sus organizaciones interpretar de manera colectiva su territorio y alcanzar verdaderos niveles de apropiación social de sus atributos y de las variables estructurales, requiere de estrategias y metodologías capaces de combinar dimensiones simbólicas, procesos de investigación y formas de actuación que permitan ganar identidad colectiva y capacidad de gestión y definición. Este conjunto de estrategias son lo que denominan las comunidades y procesos organizativos como: ISAT.

Elementos para una caracterización de la ISAT

La metodología ISAT, contiene un conjunto de procesos sociales y estrategias de acción/intervención social orientadas a incidir en la toma de decisiones sobre aspectos como definición de parámetros del territorio urbano, su desarrollo y construcción social. Los planteamientos epistemológicos de la ISAT, están orientados a que, las comunidades y agrupaciones de colectivos lleven a cabo procesos para el desarrollo del conocimiento territorial, la comprensión, interpretación, apropiación social, identidad cultural y capacidad de gestión, orientado ordenamiento urbano y regional teniendo en cuenta como principio orientador el agua y demás recursos naturales.

Metodología que, mediante procesos de concienciación social, está en función de la búsqueda de alternativas saludables para la satisfacción de sus necesidades vitales, del mejoramiento integral de la noción de hábitat y de la apropiación de aquellos recursos de los cuales depende en buena medida la productividad del territorio, todo ello desde una perspectiva de sostenibilidad. La sigla ISAT se refiere a: Interpretación Social yApropiación Territorial. De igual forma la ISAT, como estrategia metodológica, dinamiza procesos para actuar en el aquí y el ahora.

La ISAT es una estrategia metodológica de investigación social y participación política comunitaria, en cuanto a la Interpretación Social, es un proceso que se basa en: pensar, comprender y cuestionar; redimensionar y re-elaborar las concepciones sobre la propia realidad para potenciar las prácticas populares y mejorar las condiciones de vida de los sujetos y entornos que se encuentran en desventaja social critica: marginación social y política. Interpretación Social que produce conocimientos desde las bases populares. Aquí la socialización y la acción política juegan un papel trascendental en la comprensión del sistema, en cómo funcionan las estructuras sociales y las instituciones gubernamentales, del derecho público y estatal.

Matriz Procedimiento para la aplicación ISAT

La ISAT como metodología para la interpretación social trabaja con diversas herramientas y prácticas dialógicas, como la elaboración de mapas sociales, el registro fotográfico histórico, autodiagnósticos, narrativas, mediante la creación de escenarios pedagógicos, la memoria histórica y la acción política. A modo de ejemplo, se ilustra un proceso ISAT.

Análisis participativo del contexto

Se pregunta por:

La historia en relación:

  • El sujeto social
  • Las prácticas
  • Las experiencias
  • Tiempo

La cultura y los procesos:

  • Prácticas ancestrales
  • La proyección
  • Formas organizativas
  • Cosmovisión
  • Recursos

La política y la participación

  • Economía
  • Conflictos
  • Relaciones
  • Formas organizativas

Territorialidades y derechos

  • Transformaciones
  • Modos de ocupación
  • Resignificaciones

Mediante:

Herramientas y acciones como:

  • Cartografía social con enfoque territorial y cultural
  • Diagnóstico social
  • Foros comunales
  • La audiencia pública
  • La intervención política
  • Caracterización

Lecturas comprensivas sobre:

  • Relaciones de poder (políticos)
  • Problemas sociales y psicosociales
  • Capacidad de gestión urbana
  • Participación
  • Plantea retos
  • Percepción de conflictos

Plantea cambios a través de:

  • Acción política
  • Autodeterminación
  • Construcción sociocultural del territorio
  • Gobernanza

Base epistémica y potencial instituyente

Tabla 1. Primera Fase: La reconstrucción histórica

La ISAT, es una metodología que aún sigue en proceso de construcción, sin embargo, se caracteriza porque, para su implementación lo básico es la participación comunitaria, hecho, que facilita el proceso de desarrollo, puesto que el primer ejercicio es el reconocimiento histórico-socio-cultural, asociado a la relación; político-territorio.

A modo de reflexión sobre la experiencia: la organización y la comunidad de aprendizaje

Este trabajo ha permitido profundizar en temas de la educación comunitaria en el contexto de las organizaciones comunitarias y sobre la formación de sujetos políticos. Conocer las cosmovisiones de comunidades con una historia propia, el conocimiento situado o educación propia, presentan alternativas viables para potenciar los recursos comunitarios organizativos. No significa renunciar al conocimiento científico, sino humanizarlo, hacerlo amable, asible, no prejuicioso y articularlo a los procesos comunitarios, de tal forma, que todos aprendan.

Las dinámicas sociales y psicosociales de las comunidades están orientadas a propósitos definidos a partir de la concienciación de los análisis sobre:

Endogeográfico

Premisa I: pensar el territorio desde la perspectiva histórico-cultural y política, es fundamento esencial para recuperar el sentido de las relaciones sociales con los ecosistemas, y garantizar la calidad de vida.

Exógeno

Premisa II: la interacción y la acción/intervención sociopolítica plantean nuevos métodos y formas para comprender e interpretar lo social y apropiar el territorio con y desde los sujetos y las comunidades.

Intencionalidades

Definición del escenarios

Tematización del ámbito

Identificación y análisis de la demanda

¿Qué…?

¿Por qué…?

¿Para qué…?

¿Con quienes…?

¿Con qué…?

¿Dónde…?

¿Cuándo…?

Conflictos

Tensiones

Negociación

Interacción

Desglosamientos

Interés:

Económico

Político

Ideológico

Socio-cultural-ambiental

Construcción de propuestas

Nuevos conocimientos, saberes…

Sobre lo que se debe actuar:

Cambiar

Transformar

Exigir

Proponer

Negociar

etc.

Hipótesis 1. La educación comunitaria y la acción política facilitan vías y mecanismos para el respeto por los derechos sociopolíticos, el reconocimiento social y la construcción de subjetividades políticas que, propician la autonomía, la autodeterminación, y la construcción social del territorio.

Hipótesis 2. Proceso de desideologización ontológica y epistemológica de la realidad, el conocimiento social y cultural de la población en su conjunto, mediante análisis endógenos y exógenos, posibilita la construcción de nuevos conocimientos en torno a la realidad contextual.

Tabla 2. Segunda Fase: las definiciones en contexto y las apuestas al cambio socio-cultural

La educación comunitaria tiene una especial particularidad, la de elegir qué y cuándo aprender. Es lo denominado educación propia, cuando elige qué conocimientos debe trabajar y apropiar según el contexto, qué metodologías son pertinentes, cómo se deben dinamizar los procesos de educación comunitaria y sus intencionalidades. Esto quiere decir, que la educación comunitaria no es ingenua, también es racional, pero es racionalidad dialógica, no instrumental. Sirve a quienes elaboran el conocimiento y sus fines son comunitarios, emocionales y espirituales.

Es importante destacar que las personas que conforman las organizaciones y procesos comunitarios cuentan con distintos niveles de educación, se topa lo mismo con personas que tienen estudios básicos, hasta profesionales e incluso con posgrado. Así que la experiencia de participar en los procesos organizativos comunitarios posibilita reconocer y superar en parte, la crisis y vacíos de conocimiento. Permite ampliar los propios conocimientos, confrontar y contextualizar el conocimiento científico con la compleja realidad.

Lo anterior tiene que ver por lo menos con dos aspectos de la educación tradicional: primero, la mayoría de investigaciones que hace la academia no le sirve a las comunidades, a las organizaciones, ni a los procesos de base social. Esto, porque la mayoría de las investigaciones, son a los intereses del investigador y no están en función del cambio social. Y, segundo, implica reconocer nuevas alteridades, las diferencias, las relaciones interculturales, formas de asociatividad y de resistencia; nuevas formas de convivencia que, aportan al conocimiento científico, y estas no encajan bien en las teorías tradicionales, esto es un problema de agotamiento teórico. Algo bien importante, ver la realidad desde muchas perspectivas, pues son canteras aún por explorar, posibilitan crear nuevas categorías de análisis y proponer otro tipo de conocimientos que emergen de la realidad contextual, como en este caso, La ISAT.

En el contexto de la educación comunitaria son posibles procesos de construcción de subjetividad política, que tensionan las relaciones de poder entre sujetos e instituciones gubernamentales y privados, por la apuesta a subvertir las condiciones a través de la transformación de realidades para construir procesos autónomos y reconfigurar los territorios simbólicos, culturales y sociales. Las prácticas pedagógicas tienen un carácter emancipador en la educación comunitaria, entre sus propósitos está romper las restricciones y brechas entre lo institucional y la escuela popular, recuperar conocimientos propios mediante alternativas educativas y la legitimación del conocimiento de acuerdo a las necesidades del contexto y propende a desarrollar prácticas sociales instituyentes, en oposición a modas reguladas sobre la distribución de conocimientos.

Conclusiones

El mundo actual sin duda, plantea grandes retos a las ciencias, siendo estas, objeto de reflexión para el pensamiento contemporáneo, que requieren ser abordados desde distintos enfoques para analizar sus límites y necesidades, que como nos dice el profesor Zemelman en su artículo: pensar epistémico y pensar teórico:

… la realidad que enfrentamos, la realidad socio histórica, tiene múltiples significados. No es una realidad clara, inequívoca, con una significación cristalina y a la cual se le pueda abordar sencillamente construyendo teorías o conceptos. No es así por diversas razones, las cuales forman parte del debate que hoy día se da en el ámbito académico sobre el problema que afecta a las ciencias sociales, y que yo resumiría en un concepto: el desajuste, el desfase que existe entre muchos corporal teóricos y la realidad (p. 1).

La complejidad de la realidad remite a asumir estrategias de pensamiento complejo, por lo tanto existe la necesidad de un pensamiento epistémico, más que, un pensamiento teórico; pensamiento que se despliegue, se ensanche y plantee nuevas formas de conocer y nombrar las cosas, que como dice el mismo Zemelman (2005), existe:

… la necesidad de una constante resignificación que, aun siendo un trabajo complejo, es también una tarea central de las ciencias sociales, sobre todo de aquellas de sus dimensiones que tienen que ver con la construcción del conocimiento. Dicho de otra manera, es un tema central en el proceso de investigación y, por lo tanto, es un tema central de la metodología (p. 2).

La importancia de la novedad del conocimiento, en lo nuevo, esta en el sentido de reconocérsele, no como novedad única, sino más en el sentido, en la forma de nombrarlo en articulaciones históricas y sociales. Los elementos constitutivos de la realidad están amalgamados de una serie de supuestos que pueden se reales al observador, sin embargo, si lo observado por el observador no está inmerso en la dinámica de las continuidades y discontinuidades, en la dialéctica entre lo dado y lo dándose, como es la realidad, cambiante y llena de incertidumbres, corre el riesgo de ser ontologizada, ideologizada, captada por la ciencia tradicional y no habrá avance en el conocimiento. Es uno de los grandes problemas que tenemos en la actualidad, sobre el conocimiento real de los fenómenos sociológicos, políticos y culturales. El canon de medida no puede ser igual para todo, puesto que las circunstancias se dan de formas distintas en contextos concretos. Razón por la cual, debemos hacer esfuerzos por desarrollar nuevas comprensiones sobre las realidades socioculturales, porque uno de los grandes males puede ser la forma en cómo nombramos los hechos. Con palabras prestadas y desactualizadas.

Respecto a la psicología política en Colombia (precoz aún), existe un sinnúmero de trabajos en artículos en cuyos análisis sobre las problemáticas de la realidad contextual, no cesan de repetir y ajustar conceptos de teorías que fueron desarrolladas, incluso hace un siglo, haciéndolas parecer tan vigentes, como actuales. Esto es, tomamos una teoría y vemos como ajustamos nuestra realidad en ella. En este sentido, es lo que llama el profesor Zemelman, el desajuste y el desfase, en cuanto se nombra lo nuevo con lo viejo.

Igualmente, existe una enorme deuda, por parte de la academia (caso colombiano)(11), que no ofertan seminarios ni cursos académicos sobre la psicología política, por lo que existe un gran desconocimiento sobre la disciplina. De otra parte, los análisis de la violencia en Colombia, han sido y siguen siendo realizados en un noventa y cinco por ciento, por profesionales de otras disciplinas incluidas la economía, como se puede imaginar, la psicología brilla por su ausencia. La psicología quedo reducida al ámbito artesanal.

Asimismo, reseñar, que en la búsqueda de estrategias de socialización política, no son fáciles por el mismo medio, atmósfera tensa por los conflictos e inseguridad, las personas hablan sobre lo que circula en los medios de comunicación. El resto se invisibiliza. No obstante, en las comunidades, existen personas que por su experiencia y en su momento hicieron parte de un partido político, conocen algo de la historia del país lo que hace concebir las prácticas socioculturales, como una estrategia para sensibilizar o concienciar; igual las hay que, a partir de anécdotas y con modestas reflexiones sobre la historia y realidad circundante hacen sugerencias. Este contexto sirve para plantear algunas interrogantes sobre la psicología política como, proponer nuevas categorías de análisis, y perspectivas desde el contexto latinoamericano.

Vale también, destacar la postura de, pensar la comunidad desde su potencial instituyente. Las conceptualizaciones y debates teóricos en torno a la comunidad, vista como problema sociológico, que luego de atravesar el siglo, se les asocia con categorías como: vínculo, lazo social, voluntad, intersubjetividad, etc., la caracterizan: como una noción inasible, por su riqueza y potencia, como experiencia, como valor, como concepto, como proyecto y como modo de vida. Considerando la posibilidad de innovar en ella a partir de la ubicación desde lugares de enunciación diferentes al pensamiento europeo.

Igual, se puede sugerir que innovar en las conceptualizaciones sobre: comunidad, sujeto político, autodeterminación, reconocimiento, gobernanza, potencia, territorio, implica lecturas diferentes al momento histórico, que dista de manera preponderante del modo de vida de los albores y finales de siglo. Puesto que, reconocer lo que está en juego sobre las distintas formas relacionales, modos de vida, de ser, construir utopías en la actual América Latina es inédito, es muy distinta a la tradición moderna y contemporánea, y provee elementos para una psicología política latinoamericana.

Bibliografía

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Schön, D. (1994). La práctica reflexiva: aceptar y aprender de la discrepancia. Cuadernos de pedagogía. Lima Ballestero.  Algibe.

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Zemelma, H. (2012, 15 de octubre). Pensar teórico y pensar epistémico: los retos de las ciencias sociales latinoamericanas. IPECAL: recuperado de: http://es.extpdf.com/pensar-teorico-y-pensar-epistemico-pdf.html#a1

Zemelman, H. (1997). Subjetividad: umbrales del pensa­miento social. Barcelona: Anthropos.

Notas:

  1. Definición de los “limites” por parte de entes gubernamentales.
  2. La Agrópolis la constituyen redes de organizaciones comunitarias del sector urbano-rural.
  3. Corporación Vida por el Río Fucha. http://www.corvif.org/
  4. Es la manera como es definida los “límites” de la ciudad por parte de entes gubernamentales. Estos se expanden de manera exorbitante y desordenada por la parcelación de campesinos y por construcción de viviendas modestas para personas con escasos recursos.
  5. Este es un fenómeno muy común en Colombia. En el año 2010 existían más de quinientas mil ONG, que el gobierno empezó a liquidar. Todas tenían fines económicos pero, muchas nunca pudieron ejecutar siquiera un proyecto, por lo que se les exigía cancelarlas.
  6. Considerado el Páramo más grande del mundo.
  7. Más grande basurero al sur de la ciudad.
  8. Represa construida en el período del gobierno distrital del alcalde Luis Eduardo Garzón. Que costó cerca de un billón de pesos.
  9. Localidad 5. Se encuentra ubicada al suroriente de la ciudad de Bogotá. La población se encuentra separada del casco urbano de la ciudad, incluye barrios del sur, además de extensas zonas rurales.
  10. La voz popular.
  11. Programas de pregrado en psicología, que con un número de ciento veintinueve programas en todo el país, tan solo en uno, ofertan un curso de psicología política. Estos datos se encuentran en la investigación sobre: ámbitos y escenarios de socialización política en Colombia, aún en proceso, por Cátedra Libre “Martín Baró”, de la cual forma parte el autor de este artículo.

Anexo

Localidades de Bogotá, Colombia

Tomado de:

https://www.google.com.co/search?q=localidades+de+bogota+en+orden&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ei=bUwtUsLlGom49gTxrYCoCg&ved=0CCoQsAQ&biw=1093&bih=453

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