LAS COMPETENCIAS PARENTALES EN MADRES DE FAMILIA CON Y SIN DOBLE JORNADA Descargar este archivo (08 Competencias parentales - IVazquez DAguilar.pdf)

Ireri Yunuen Vázquez García
Deyanira Aguilar Pizano

Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo
Morelia, Michoacán, México.

Resumen

Las competencias parentales, se definen como aquel conjunto de capacidades que permiten a los padres afrontar de modo flexible y adaptativo la tarea vital de ser padres, de acuerdo con las necesidades evolutivas y educativas de los hijos (López, Martín, Cabrera, y Máiquez, 2009). En esta investigación se tomaron en cuenta tres habilidades que forman parte de las competencias parentales: el control emocional, los recursos empáticos y la plasticidad para el control en madres de familia.  El objetivo fue analizar si existe diferencia entre las habilidades parentales que desarrollan las madres de familia con doble jornada y las madres de familia que se dedican al hogar. Se trabajó con una metodología cuantitativa, la investigación se realizó en dos fases; en la primera se aplicó la ficha de trabajo 16 del Manual de Evaluación de las Competencias y Resiliencia Parental de Barudy y Dantagnan (2010), el análisis de datos se realizó por medio del programa estadístico SPSS versión 20, se utilizaron pruebas de frecuencias simples y  una prueba no paramétrica llamada “U de Mann – Whitney”. En la segunda fase se llevó a cabo  una intervención psicológica con la intención de brindar herramientas para el desarrollo de las habilidades parentales. En los resultados se encontró que en ninguna de las tres dimensiones evaluadas  existen diferencias significativas, por lo que se concluye que la diferencia de grupos; madres con y sin doble jornada,  no influye en la forma en que ejercen sus competencias parentales, en este caso respecto al control emocional, los recursos empáticos y la plasticidad para el control. De la misma forma tampoco influye en el caso de las madres con doble jornada su ocupación; ya que el grupo estuvo conformado por secretarias, intendentes, psicólogas, odontólogas y abogadas, y tampoco se encontraron diferencias significativas dentro de este grupo.

Palabras claves: Competencias; Habilidades; Parentalidad; Doble jornada.

 

Abstract

Parenting skills are defined as the set of capabilities that allow parents cope in a flexible and adaptive way the vital task of parenting, according to the developmental and educational needs of children (Lopez, Martin Cabrera, and Máiquez, 2009). This research took into account three skills that are part of parenting skills: emotional control, the empathic resources and plasticity for control mothers. The aim was to analyze whether there is a difference between parenting skills that develop the mothers with double day and mothers who devote themselves to home. We worked with a quantitative methodology, research was conducted in two phases; in the first the worksheet 16 Evaluation Handbook of Competence and Parental Resilience Barudy and Dantagnan (2010) was applied, the data analysis was performed using the SPSS version 20, tests simple frequencies were used and a nonparametric test called "Mann - Whitney". In the second phase it was carried out psychological intervention intended to provide tools for the development of parenting skills. The results found that in none of the three dimensions evaluated significant differences, so it is concluded that the difference of groups; mothers with and without doubleheader does not influence how they exercise their parental responsibilities, in this case with respect to emotional control, the empathic resources and plasticity control. Likewise it not affects the case of mothers with their occupation doubleheader; since the group was comprised of secretaries, mayors, psychologists, dentists and lawyers and no significant differences within this group were found.

Keywords : Skills ; Abilities; Parenthood ; Doubleheader.

 

Resumo

Competências parentais são definidos como o conjunto de capacidades que permitem aos pais a lidar de uma forma flexível e adaptável a tarefa vital de parenting, de acordo com as necessidades de desenvolvimento e educacionais das crianças (Lopez, Martin Cabrera, e Máiquez, 2009). Esta pesquisa levou em conta três habilidades que fazem parte de competências parentais: controle emocional, os recursos empáticas e plasticidade para as mães de controle. O objetivo foi analisar se existe uma diferença entre as competências parentais que se desenvolvem as mães com dupla jornada e mães que se dedicam a casa. Nós trabalhamos com uma metodologia quantitativa, a pesquisa foi realizada em duas fases; na primeira folha de cálculo 16 Avaliação Handbook of Competence e Parental Resiliência Barudy e Dantagnan (2010) foi aplicada, a análise dos dados foi realizada através do SPSS versão 20, os testes foram utilizadas freqüências simples e um teste não paramétrico de chamada "de Mann - Whitney". Na segunda fase foi realizada a intervenção psicológica destinado a fornecer ferramentas para o desenvolvimento de competências parentais. Os resultados revelaram que em nenhuma das três dimensões avaliadas diferenças significativas, por isso, conclui-se que a diferença de grupos; se as mães com e sem doubleheader não influenciar a forma como exercem as suas responsabilidades parentais, neste caso no que diz respeito ao controle emocional, os recursos de empatia e controle plasticidade. Da mesma forma, não afeta o caso das mães com seus doubleheader ocupação; desde que o grupo foi composto por secretários, prefeitos, psicólogos, dentistas e advogados e não houve diferenças significativas dentro deste grupo foram encontrados.

Palavras-chave: competências; habilidades; parentalidade; Doubleheader.

Introducción

Según Solís-Pontón (2004), “podría considerarse que la parentalidad constituye el estudio de los lazos de parentesco y de los procesos psicológicos inherentes. La parentalidad necesita un proceso de preparación, y aun de aprendizaje, no en el sentido de una pedagogía parental, sino como el trabajo que pone en evidencia el carácter complejo y los aspectos paradójicos del fenómeno natural de la reproducción humana”, p. 11.

Desde el punto de vista de Zicavo y Fuentealba (2012):

Se reafirma la parentalidad como proceso en construcción y cambio constante, cuya      práctica es afectada por las condiciones de contexto que influyen en la forma de vinculación parental y en las representaciones emergentes de “subjetividad social” que superan lo atribuido como natural, deconstruyendo los roles de género, para luego volver a construirlos desde la equidad, el bien común, el interés superior del niño/a y los derechos fundamentales, (p. 119).

Es por lo anterior y por la importancia que la parentalidad tiene que se realizó la investigación referente a las competencias parentales, específicamente en lo que respecta a las habilidades que como padres se van desarrollando en el transcurso de la crianza de los hijos, ya que como bien es sabido no es algo que se adquiera inmediatamente al procrear, sino en la convivencia diaria con ellos, de la misma manera en que son importantes los estilos de crianza que los padres/madres ejercen en el desarrollo de su paternidad/maternidad.

Objetivo

El objetivo fue analizar si existe diferencia entre las habilidades parentales que desarrollan las madres de familia con doble jornada y las madres de familia que se dedican al hogar.

Marco conceptual

Para Houzel, (2004, citado por Solís-Pontón, 2004), no basta solamente con procrear o ser designado como padre o madre, sino que es necesario “convertirse en padre”, y esto es un proceso muy complejo ya que va a involucrar niveles tanto conscientes como inconscientes del funcionamiento mental. En este proceso se encuentran involucradas tres funciones o ejes:

  • El ejercicio de la parentalidad: Este eje proporciona orden y organización al sistema familiar y tiene que ver con los lazos de parentesco y con los derechos y obligaciones que le corresponden a cada miembro del sistema, también se asocia con las prohibiciones y con las reglas que serán las que darán estructura y permitirán un funcionamiento adecuado.
  • La experiencia de la parentalidad: En este eje se encuentra el deseo de tener un hijo y todo el proceso que conlleva a la parentalidad.
  • La práctica de la parentalidad: Aquí se toman en cuenta todas y cada una de las prácticas cotidianas que los padres realizan en torno a sus hijos y que tienen que ver con los cuidados tanto físicos como psíquicos.

De la misma manera, también existen determinadas funciones que como padres se realizan para brindar estructura a los hijos y estas pueden ser las siguientes desde el punto de vista de Ochoa-Torres y Lelong (2004, citados por Solís-Pontón, 2004):

  • Función de apaciguamiento: Se refiere a satisfacer las necesidades vitales del niño como lo son la alimentación, el calor, el contacto, el sostén, la higiene y la tranquilidad; ya que son los padres quienes se encargan de proteger al niño de las amenazas del exterior.  También se tiene que tomar en cuenta que la satisfacción de estas necesidades será acorde a las costumbres de cada sociedad y por lo tanto no serán iguales en todos los sistemas familiares; de la misma forma que es conveniente tomar en cuenta la necesidad real del niño y no solo lo que los adultos opinen.
  • Función de seguridad: Aquí entran las prácticas de crianza de los padres como por ejemplo la forma de llegar, de hablarle, de cargarlo, etc. y que deben ser reiterativas para que el niño se vaya anticipando para lo que va a suceder; lo anterior le proveerá seguridad al niño al igual que la tranquilidad que los padres le transmitan.
  • Función estimuladora: Esta función es indispensable para el desarrollo neurológico del niño y los padres principalmente son los que las proveen; pueden existir dos tipos de estimulaciones, las proximales que se caracterizan porque los padres mantienen contacto muy cercano con el niños y las distales en donde los padres guardan cierta distancia respecto a él.
  • Función socializadora: Tiene que ver con que el niño vaya aprendiendo poco a poco a acatar las reglas, las exigencias y los horarios del contexto en el que se encuentra, es decir que se vaya adaptando a la rutina familiar.
  • Función de transmisión transgeneracional de valores: Aquí se refiere a la transmisión del sistema cultural de una generación a otra. A la transmisión de los valores familiares que deben quedar bien cimentados en los hijos porque en el transcurso del tiempo necesariamente sufrirán modificaciones conforme a la etapa de desarrollo por la que atraviesa el sistema familiar,  pero esas modificaciones no pueden ser tan fuertes que terminen por quebrantar los valores, pero sí deben ser flexibles.

Estas funciones se van cumpliendo también gracias a la sensibilidad parental que se refiere a que los padres sean capaces de recibir, interpretar y responder de manera apropiada e inmediata a las señales de su hijo, esta sensibilidad parental también depende de la experiencia que los padres van adquiriendo. Solís-Pontón (2004) también menciona los términos de maternitud y paternitud que “se refieren a la calidad de esta percepción y de esta sensibilidad; designan la sensación afectiva sentida por un individuo cuando expresa ser completa y profundamente padre o madre”, p. 89. Es importante mencionar que esta paternitud y maternitud la pueden sentir los padres para un hijo y no para otro.

Darling y Steinberg, 1993; Gray y Steinberg, 1999; Steinberg, 1990 (citados por Betancourt y Andrade, 2011) mencionan que “las prácticas parentales se definen como aquellas conductas que los padres utilizan para socializar a sus hijos, y pueden agruparse en dos categorías: apoyo y control”, p. 28. El apoyo parental se refiere “a la cantidad de soporte y cariño que expresan los padres hacia sus hijos”, Amato y Fowler (2002, citado por  Betancourt y Andrade, 2011, p. 28), y el control parental es definido “como el conjunto de límites, reglas, restricciones y regulaciones que los padres tiene para sus hijos, y el conocimiento de las actividades que estos realizan”, Barber, Olsen y Shagle (1994, citado por Betancourt y Andrade, 2011, p. 28).

También vale la pena hacer la diferencia entre el control psicológico y el control conductual, en donde el primero es considerado como un tipo de coerción, es decir, un control pasivo pero agresivo y hostil; y el segundo se encuentra relacionado con la supervisión y atención hacia los hijos, Barber (1996, citado en Betancourt y Andrade, 2011). De Minzi,  (2005) menciona que uno de los mayores recursos de que dispone el niño es la percepción de una relación contenedora de parte de sus padres y que una relación basada en una aceptación y un control adecuados facilitan la adaptación de los niños a las diversas situaciones que se le presentan. Y  por el contrario cuando el niño percibe baja aceptación y poco control de parte de sus padres se siente solo con respecto a ellos.

En esta misma línea, Mestre (2001), dice que el sentido de seguridad que los niños alcancen será gracias al grado de estructura que la familia brinde, ya que entre menos estructura existe hay más inseguridad e indecisión en los niños, de tal forma que las relaciones con los hijos también tienen que ser de acuerdo a la edad y al nivel de desarrollo.

Barudy (citado en Barudy y Dantagnan, 2010) describe las competencias parentales como “una forma semántica de referirse a las capacidades prácticas de los padres para cuidar, proteger y educar a sus hijos, y asegurarles un desarrollo sano” (p. 77). Asimismo, hace una diferenciación entre lo que es la parentalidad social y la biológica, en donde la primera se refiere a todos los cuidados físicos y psíquicos que los padres proporcionan y la segunda específicamente a la capacidad de procrear. Bayot, Hernández y De Julián (citados por López, et al, 2009)) señalan  que la personalidad es la que influye en la forma de educar a los/as niños/as.

Para desarrollar las competencias parentales existen varios factores que interactúan entre sí y son: la herencia, el aprendizaje y la propia experiencia, ya sea de buen trato o maltrato. Barudy (citado en Barudy y Dantagnan, 2010) refiere que existen dos componentes que permitirán hacer una evaluación, una promoción y una rehabilitación de la parentalidad, en su caso; se trata de las capacidades parentales fundamentales y las habilidades parentales. Con respecto a esto último componente solo se investigaron tres habilidades: a) el control emocional, que tiene que ver con la capacidad  que los padres tienen de mentalizar la situación, reconocer sus emociones y elaborar una respuesta adecuada para enfrentar el problema que provoca la molestia o por el contrario con la poca capacidad de controlarse en una situación de tensión o estrés. Su falta de empatía y su escasa habilidad para manejar las emociones que la situación les provoca, los conducen a encontrar una salida inmediata a lo que les molesta; b) los recursos empáticos tienen que ver con la capacidad que los padres tienen de comprender a sus hijos, colocarse en su lugar y encontrar opciones de actuación adecuadas para los desafíos que se presenten, y c) la plasticidad para el control se ve reflejada en la flexibilidad que los padres tienen para hacer ajustes precisamente en el control que ejercen hacia sus hijos.

Con respecto a esa flexibilidad de la cual se habla, Jiménez (2005, citado por Zicavo y Fuentealba, 2012) menciona que en la actualidad también la familia se ve en la necesidad de cambiar su estructura, ya que ahora la mujer también busca una independencia económica y una realización profesional y el hombre aparte de ser proveedor también se encarga del cuidado de los hijos y realiza labores domésticas, cuestiones que necesariamente repercuten en las funciones parentales.  Coincidiendo con esto, Zicavo y Fuentealba (2012),  mencionan que en las relaciones parentales se realiza una redistribución de las funciones, los tiempos dedicados a la crianza de los hijos se flexibilizan, pero lo más importante es que la experiencia de ser padres favorece la satisfacción, el desarrollo y la realización personal, lo que a su vez se refleja en el compromiso y la responsabilidad parental. Al respecto, Zicavo (2008) refiere que durante la crianza y la formación de los hijos son indispensables ambos padres, no importando la etapa de desarrollo por la que los hijos atraviesen. 

Metodología

El presente trabajo es resultado de un proyecto de investigación con enfoque cuantitativo, que tuvo como objetivo analizar si existe diferencia entre las habilidades parentales que desarrollan las madres de familia con doble jornada y las madres de familia que se dedican al hogar. Se llevó a cabo en dos fases, la primera consistió en la aplicación de la ficha de trabajo 16 del Manual de Evaluación de las Competencias y Resiliencia Parental de Barudy y Dantagnan (2010), que evalúa las capacidades empáticas del adulto por medio del examen de sus niveles de impulsividad y autocontrol.

La aplicación se realizó con mujeres cuyo principal criterio de inclusión es que fueran madres de familia; el segundo criterio de inclusión es que un grupo tuviera doble jornada de trabajo y otro grupo se dedicara al hogar.  El número total de participantes fue de 62; 32 madres de familia que tienen doble jornada y 30 madres de familia que se dedican al hogar.

En la segunda fase se diseñó y se llevó a cabo  una intervención psicológica con la intención de dar a conocer las habilidades parentales para  que las madres de ambos grupos tuvieran la oportunidad de llevar a cabo un análisis personal del desarrollo de sus habilidades. Además de proporcionarles algunas herramientas para el desarrollo de su función parental como: habilidades de comunicación con los hijos,  procesos de resolución de conflictos y de negociación,  estrategias para establecer límites y regulación del comportamiento en los hijos. El análisis de datos se realizó por medio del programa estadístico SPSS versión 20, se utilizaron pruebas de frecuencias simples y  una prueba no paramétrica llamada “U de Mann – Whitney”.

Resultados

En la ficha 16 del Manual de Evaluación de las Competencias y Resiliencia Parental la información que se encontró fue la siguiente:

  • En cuanto al control emocional  en el grupo de madres que se dedican al hogar se obtuvo una media de 3.31 y en el  grupo de madres con doble jornada se obtuvo una media de 3.25; cabe señalar que se tienen como puntos de referencia al 1 como mínimo y al 5 como máximo, lo que significa que ambos grupos tienen un control emocional dentro del punto medio. Respecto a los resultados obtenidos en la prueba  U de Mann – Whitney se obtuvo una significancia  de .609 por lo que no se encuentra una diferencia significativa entre ambos grupos, con base al nivel de significancia establecido (p< 0.05).
  • En recursos empáticos en el grupo de madres que se dedican al hogar se obtuvo una media de 4.07 y en el  grupo de madres con doble jornada se obtuvo una media de 3.44; donde el 1 es el mínimo y el 5 el máximo puntaje, por lo que se puede observar que ambos grupos hacen uso de sus recursos empáticos de una forma similar. Respecto a los resultados obtenidos en la prueba  U de Mann-Whitney se obtuvo una significancia  de .076 por lo que no se encuentra una diferencia significativa entre ambos grupos con base al nivel de significancia establecido (p< 0.05).
  • En cuanto a la plasticidad para el control; en el grupo de madres que se dedican al hogar se obtuvo una media de 2.87 y en el  grupo de madres con doble jornada se obtuvo una media de 3.00; donde el 1 es el mínimo y el 5 el máximo puntaje, y se puede observar que ambos grupos cuentan con flexibilidad para adaptarse a las situaciones que se les presentan con respecto al control que ejercen hacia sus hijos. Respecto a los resultados obtenidos en la prueba U de Mann- Whitney se obtuvo una significancia de .584 por lo que no se encuentra una diferencia significativa entre ambos grupos  con base al nivel de significancia establecido (p< 0.05).

Conclusiones

Con lo anteriormente expuesto, respecto al análisis de los resultados que arrojó el  instrumento aplicado (la ficha de trabajo 16 del Manual de Evaluación de las Competencias y Resiliencia Parental de Barudy y Dantagnan, 2010) se concluye en un primer momento que la diferencia de grupos; madres con doble jornada  y madres que se dedican al hogar,  no influye en la forma en que desarrollan y ejercen sus habilidades parentales, en este caso específico respecto al control emocional, los recursos empáticos y la plasticidad para el control. De la misma forma tampoco influye en el caso de las madres con doble jornada su ocupación; ya que el grupo estuvo conformado por secretarias, intendentes, psicólogas, odontólogas y abogadas y tampoco se encontraron diferencias significativas dentro de este grupo.

En este sentido cabe señalar que de acuerdo al contexto social y cultural propios de cada generación, habrá prácticas de crianza que podrán o no desarrollarse; ya que la época en la que criaron a estas participantes permitía a sus padres delegar muchas más responsabilidades y/o actividades que no requirieran la presencia o supervisión de estos; cuestiones que en la actualidad no podrían desarrollarse de la misma forma debido a la complejidad del contexto.

Con lo anterior se llega a la conclusión de que en el desarrollo y ejercicio de  las habilidades parentales influye en gran medida la personalidad de la madre y que se van a encontrar interactuando entre sí factores como la herencia, el aprendizaje y la propia experiencia como lo mencionan diversos autores, Bayot, et al (citado en López et al, 2009)  y Barudy (citado  en Barudy y Dantagnan, 2010). Y además es importante mencionar que dentro del desarrollo de las habilidades  parentales no solo se tiene que ver a la madre de familia, sino que también se tiene que tomar en cuenta su contexto social y cultural, donde son sumamente importantes las  creencias, acciones y emociones que giran en torno al ser madre que normalmente están involucradas directamente con su historia de vida.

De la misma forma, en esta investigación se encuentra que el desarrollo de las habilidades parentales no es influido solamente por la profesión u oficio al cual se dedique la madre de familia; lo anterior porque se puede llegar a pensar que la mujer al trabajar también fuera del hogar tendrá la capacidad de desarrollar más habilidades y de dedicar más tiempo de calidad a sus hijos; también se tiene que tomar en cuenta que al tener más responsabilidades aumenta su estrés, lo cual puede estar interfiriendo en el desempeño de sus habilidades parentales. Y visto desde otro sentido, no por el hecho de que una mujer se dedique al hogar quiere decir que no sea capaz de desarrollar las habilidades que les permitan a sus hijos un sano desarrollo; esto tiene que ver con la personalidad y no con la profesión u ocupación de la madre de familia, tal y como se demuestra en los resultados en los que se arrojaron puntuaciones muy similares en ambos grupos de participantes.

Referencias bibliográficas

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López, Ma., Martín, J. Cabrera, E. y Máiquez, Ma. (2009). Las competencias parentales en contextos de riesgo psicosocial. Psychosocial Intervention, 18(2), 113-120. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=179814021003

Mestre, M. Samper, P. Tur, A. y Díez, I. (2001). Estilos de crianza y desarrollo prosocial de los hijos. Revista de Psicología General y Aplicada, 54(4), 691-703. Recuperado de http://www.dialnet.unirioja.es

Solís-Pontón, L. (2004). La parentalidad, desafío para el tercer milenio. México: Manual Moderno.

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Zicavo, N. y Fuentealba, A. (2012). Resignificando la paternidad, crianza y masculinidad en padres post divorcio. Revista IIPSI, 15(2), 115-127. Recuperado de http://sisbib.unmsm.edu.pe/bvrevistas/investigacion_psicologia/v15_n2/pdf/a08v15n2.pdf

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